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Viejas y Valiosas... Leyendas del Pirineo
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Especiales
28/02/08.- Pirineo, lugar mítico donde la naturaleza dicta su ley y en el que los hechos misteriosos encuentran fácil referencia en sus lagos, bosques, cascadas, volcanes... Siempre encontramos una explicación lógica para lo mágico y legendario; pero las leyendas guardan la esencia de las cosas, el sustrato de una sociedad que convirtió sus creencias en una necesidad para sobrevivir en un medio tan bello como hostil.
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I. Introducción
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PYRENE, la formación de los Pirineos
II. Leyendas del Pirineo Navarro
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1. La guerra de los valles navarros contra los moros
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2. El bardo Gartxot de Izalzu
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3. La Virgen de Muskilda
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4. El Dragón de Urbasa
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5. El estudiante Pedro de Axular
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Las leyendas hablan de hadas y seres que habitan en lagos y cascadas
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III. Leyendas del Pirineo Aragonés
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1. El nacimiento del Monte Perdido
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2. La cruz del Sobrarbe
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3. La Balsa de La Mora
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4. Las Brujas de Nochebuena
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5. La montaña de Formigal
IV. Leyendas del Pirineo Andorrano
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1. El Buner D´Ordino
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2. La dama blanca de Aubinyà
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3. El lago de Engolasters
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4. La imagen de la Virgen de Meritxell
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Mesa Tres Reyes y Pedraforca (Pirineo Navarro)
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V. Leyendas del Pirineo Francés
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1. Salies en Bearn, el pueblo de los lagos salados
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2. El caballo de Benzú
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3. El lago de Lourdes
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4. La serpiente de Isaby
VI. Leyendas del Pirineo Catalán
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1. Las iglesias del valle de Boí
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2. La montaña mágica del Pedraforca
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3. El gigante de Garós
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4. El lago de Malnuí
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Para nuestros mayores la mejor escuela ha sido la vida misma, y las mejores clases esos raticos de tertulia alrededor del fuego tan provechosos, momentos idóneos para recordar parentescos, contar chistes y adivinanzas, rememorar viejos cuentos y leyendas...
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Ibon y pico Anayet
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La cultura popular ha hecho llegar hasta nuestros días muchas de las leyendas que, a lo largo de los tiempos, se habían ido transmitiendo de generación en generación, de abuelos a nietos en los anocheceres de invierno junto al fuego. Se trata de explicaciones humanas a fenómenos que no tenían interpretación razonable, algunas recubiertas de un halo misterioso. Es en este contexto y en estas circunstancias donde aparecen toda una serie de seres fantásticos a los que se atribuyen los poderes sobrenaturales que permiten apilar grandes montañas de rocas, evitar pedriscos o curar enfermedades. Así aparecen las brujas, gigantes, duendes, diablos, dragones, encantadas...
Sólo si somos capaces de escuchar con atención el relato de estas historias, descubriremos con el paso del tiempo el valioso legado dejado por nuestros antepasados y que como tal, merece ser conservado y transmitido con gran respeto por todos y cada uno de nosotros.
PYRENE, la leyenda que cuenta la formación de los Pirineos
Hace muchos años, en los tiempos en que Túbal era el rey de Iberia, el monstruo de las tres cabezas llamado Gerión le quitó la corona.
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Crestas Aneto-Maladetas (Parque Natural Posets-Maladeta)
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La Princesa Pyrene (de quién legendariamente procede el nombre del Pirineo) era la hija de Túbal, una ninfa de la mitología clásica, que, asustada fue a esconderse en las altas montañas. Gerión pensó entonces que si no la mataba no podría hacerse respetar como nuevo rey de Iberia; así que concibió la idea de pegar fuego a las montañas, convencido de que así la princesa moriría. Las llamas se extendieron por toda la cordillera derritiendo todo aquello que encontraban a su paso. Por las laderas chorreaban ardientes torrentes de lava que achicharraban todo aquello que tuviera vida, extendiendo tras de ellos el horrible mantel de la muerte. Los pueblos se inundaban de ríos abrasadores, los pájaros se asaban, las nubes de humo negro tapaban el sol, el calor era insoportable.
Hércules, el semidiós que luchaba victorioso contra los gigantes que tenían asustados a los habitantes de Iberia, al oír los gemidos de la princesa, extendió sus brazos en aquel mar de fuego y la cogió. Ella todavía tuvo tiempo de contarle su historia y tras ello, Hércules puso sobre su cabeza las cenizas de la princesa muerta y le levantó un Mausoleo amontonando montaña sobre montaña, haciendo escaleras con estos montones y así los Pirineos volvieron a ser magníficos de mar a mar.
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II. LEYENDAS DEL PIRINEO NAVARRO
1. La guerra de los valles navarros contra los moros
Cuenta la leyenda que el rey moro Abderramán tenía que pasar por Navarra de regreso a Francia y el rey don Sancho, al saberlo, envió mensajeros a los valles del Roncal, Salazar y Aezkoa con la orden de que se reunieran todos los hombres disponibles y salieran al encuentro de los moros para organizar la batalla. Los roncaleses y salacencos se dispusieron a cumplir las órdenes del monarca. Sonaron las campanas de los pueblos, dejaron los hombres sus ocupaciones y, cogiendo las armas de que podían, se fueron reuniendo para atacar a Abderramán.
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Nubes sobre Larra, en el valle del Roncal (foto: Jesús Erro)
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Fueron, finalmente, los roncaleses y salacencos quienes se dirigieron al encuentro de la hueste mora. Iban llenos de furia decididos a vencer a los enemigos de la fe y en el puente de Ledea se hizo la batalla. Aunque los moros eran muchos más que los navarros, éstos los derrotaron y los salacencos mataron a Abderramán, cortándole la cabeza. Pensaban ir a presentar el trofeo al mismo rey Sancho, quien, sin duda, recompensaría el valor de los salacencos.
Los roncaleses envidiaban la suerte de sus vecinos, y durante el regreso al campo de batalla, se arreglaron para coger, una noche, la cabeza del rey moro y cortarle la lengua. Y, así, cuando se presentaron ante el rey y los salacencos enseñaron la cabeza, los roncaleses dijeron que habían sido ellos los que habían cortado al rey moro la cabeza, pues tenían como prueba la lengua. Comenzó la disputa y fue el propio rey quien apaciguó los ánimos dando a cada uno de los triunfadores un escudo de armas. Los de Salazar debían tener por escudo un lobo con un cordero en la boca y los roncaleses un zorro, indicando su astucia.
2. El bardo Gartxot de Izalzu
Hace muchos años, en Orreaga había un famoso trobador llamado Gartxot, cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles. A Gartxot le encantaba contar la batalla que había tenido lugar tres siglos antes sobre los puertos que dominaban su pueblo, pues el pueblo vasco había aplastado al gran ejército del emperador Carlomagno. Gartxot tenía un hijo llamado Mikelot que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su padre.
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Mausoleo de Sancho VII El Fuerte en Roncesvalles (Foto: Jesús Erro)
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En aquella época, la región estaba gobernada por unos monjes franceses. Un día, el joven Mikelot estaba cantando cerca de Orreaga la gran victoria de los Vascos sobre los Francos. El abad francés que dirigía el monasterio se le acercó atraído por su voz, pero al escuchar aquel relato le invadió una ira espantosa. Dominado por la furia, el abad decidió que la lengua de los Navarros, el vasco, sería proscrita en sus dominios, y que aquel lugar llevaría desde aquel momento un nombre francés: "Roncevaux" (Roncesvalles). También se apoderó del pobre Mikelot y lo encerró en la abadía. Cuando Gartxot se enteró de la noticia acudió rápidamente, pero el abad no quería deshacerse del niño y propuso a su padre que dejara a Mikelot en la abadía, donde los monjes se ocuparían de su educación. En contrapartida, prometió regalarle una verdadera fortuna, pero con la condición de que nunca más podría Gartxot pisar el suelo de Orreaga. Después de muchas dudas, Gartxot aceptó y así fue cómo el poeta perdió a su hijo. Mientras tanto los monjes enseñaron al niño el latín y la lengua romana, y las estrofas que antaño alababan el valor de los Vascos se tiñeron de desprecio, y ponderaron el mérito y la grandeza del Emperador Carlomagno.
Gartxot, carcomido por los remordimientos y sufriendo por la ausencia de su hijo no pudo resistirlo más y juró que su hijo nunca más volvería a cantar las alabanzas del enemigo francés. Arriesgando la vida consiguió liberar a Mikelot, pero ambos fueron cercados por los soldados franceses y Gartxot renovó su juramento: después de su muerte, su hijo no sería un instrumento de la propaganda francesa. Y gritando de dolor, puso sus manos alrededor del cuello frágil de Mikelot y apretó hasta estrangular a su hijo ante los ojos incrédulos de los sargentos. Gartxot fue condenado a estar encerrado de por vida en una torre en el alto de Elkorreta. Sobrevivió allí durante meses y el invierno fue especialmente duro aquel año. Mientras tanto, el abad de Roncesvalles fue sustituido y al nuevo le pareció que el prisionero había pagado lo suficiente por su culpa. Una expedición alcanzó la cumbre de Elkorreta para liberarlo pero todo fue en vano, en el mismo momento en que entraban en la torre prisión, el poeta daba su último suspiro. Hoy todavía, cuando en los meses de octubre y de noviembre sopla el viento del norte, cuando las palomas deciden abandonar el país, se puede oír un gemido tétrico que se parece extrañamente al de un hombre. Los montañeros navarros dicen que es el alma de Gartxot, que llora y pide perdón a su hijo.
3. La Virgen de Muskilda
En lo alto de un cerro, en el que se asienta mirando al sol la recogida villa de Ochagavía, se levanta la pintoresca basílica de Nuestra Señora de Muskilda. El santuario es sobrio en su estructura y la imagen de la virgen levanta en su mano derecha una flor, mientras que apoya la izquierda sobre el hombro del Niño, sentado en su regazo en actitud de bendecir.
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Santuario de Muskilda
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Cuenta la leyenda que un pastor perdió un toro, y tras mucho buscar, lo encontró junto a un roble. Tras acercarse, intrigado, pudo ver al pie del árbol una imagen de la Virgen María. Tras tomarla en sus brazos, tuvo que dejarla por tener que acudir a recoger las vacas que se desmandaban, prometiendo recogerla al día siguiente, pero al volver la vista, comprobó que la imagen había desaparecido.
De regreso a casa perdió de nuevo el toro, encontrándolo en el mismo sitio, haciendo reverencias ante la imagen. El pastor tomó en sus manos la imagen y cuando más entusiasmado estaba, pasó por ahí un hombre que le acusó de haberla robado, por lo que lo llevó a Ochagavía y lo encerró en una habitación, dejando a la Virgen en la iglesia del pueblo.
Al día siguiente, ni la imagen de la Virgen ni el pastor estaban donde los había dejado. El resultado de todo esto fue que la Virgen fue entronizada en el valle y el pastor quedó allí de ermitaño, dedicando todo su esfuerzo a construir un templo con piedras que él mismo acarreaba con su animal de carga. Se cuenta que llenaba de piedras las alforjas de la bestia y la dejaba irse sola hasta el roble, mientras él quedaba preparando la nueva carga.
4. El Dragón de Urbasa
Hace mucho tiempo vivía en la sima de Aralar un dragón al que llamaban en vascuence Iraunsugue. Cuando tenía hambre bajaba a los pueblos y causaba muchos muertos entre los vecinos. Los lugareños, asustados, decidieron enviar al dragón cada día una persona, la que saliera en suerte. Una vez le tocó a una joven y fue a colocarse junto a la entrada de la sima para aguardar al dragón. Pero la vio don Teodosio de Goñi, que, por haber asesinado a sus padres engañado por el diablo, hacía penitencia y vagaba por el monte calzado de hierro y arrastrando unas cadenas a la cintura. Su penitencia terminaría cuando las cadenas se rompieran.
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Caserío Vasco
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Don Teodosio se acercó a la joven y cuando ella le contó el motivo por el que estaba a la entrada de la cueva, le dijo que volviera a su tierra, pues él ocuparía su lugar. Cuando Iraunsugue salió del interior del antro fue tragando la cadena que le alargaba Teodosio, y cuando llegaba al cuerpo del caballero, este gritó a San Miguel que le ayudara y el arcángel, llevando un crucifijo sobre su cabeza, posó sus pies sobre el dragón, le cortó el cuello y con él la cadena de Teodosio.
Así se cumplió su penitencia y de entonces data la construcción de la iglesia, en cuya capilla central hay unos trozos de la cadena de don Teodosio. En el lado derecho del altar de la misma capilla central hay un hueco en el muro. La gente cree que llega hasta la sima del dragón. Los romeros introducen allí la cabeza, rezan un credo y dan tres vueltas alrededor de la cadena del caballero, y dicen que curan de los dolores de cabeza. Es costumbre colocar piedritas en el hueco o junto a los muros del santuario.
5. El estudiante Pedro de Axular
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La sombra
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El diablo Etsai fundó una escuela de Teología en una cueva de Sara, donde bastaba un año de estudios para adquirir los conocimientos necesarios para ser un doctor en Teología. El diablo retenía al último de los estudiantes que salían de la cueva, uno a uno, en fila, en el último día escolar. Un estudiante ingenioso encontró un medio de engañar al Diablo. Pidió ser el último de la fila, pero logró que se esperase, para salir a la hora del mediodía. Al pasar cada uno de los nuevos sacerdotes ante el demonio, que estaba junto a la puerta, decía: "Sujeta al que viene después de mí". Cuando llegó el último, repitió este con audacia la fórmula. El diablo se precipitó inmediatamente sobre la sombra del estudiante, que el Sol proyectaba sobre la pared de la gruta y que el se tomó como si fuera uno de sus discípulos. El joven sacerdote huyó, pero careció toda su vida de sombra. Aquel joven sacerdote era Pedro de Axular.
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III. LEYENDAS DEL PIRINEO ARAGONÉS
1. El nacimiento del Monte Perdido
El Monte Perdido es la tercera cumbre de la cordillera pirenaica y es también el escenario de diversas leyendas. Entre ellas, quizás la más bonita sea la que alude a un Palacio Mágico que existe en su cima. Según cuenta la leyenda, este maravilloso Palacio fue construido en el origen de los tiempos por el mítico Atland, el cual hechizó la construcción para que no pudiera entrar cualquiera. Protegido por murallas y torreones de materiales pulidos, en su interior se cobijaba una vasta extensión de jardines y prados que evocaban el mismísimo paraíso terrenal. Pero el Palacio permanecía hechizado y tan sólo era posible entrar en él a lomos de un caballo volador.
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Monte Perdido
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Otra de las leyendas en torno al nacimiento del Monte Perdido es aquella que cuenta que existía en los pirineos un ermitaño muy alto que prefería vivir alejado de la sociedad, por ello la gente le tenía un profundo temor. Un buen día, un cazador orgulloso decidió ir a cazarlo y darle muerte. Lo mató y cuando volvió al pueblo fue a contarlo a sus vecinos y en el preciso instante que daba la noticia cayó un rayo sobre él. Tras esto, de entre las nubes, apareció un monte, era el alma del ermitaño, y se llamó Monte Perdido.
Otra interpretación de la formación de la mítica montaña dice que acudió un pobre mendigo a un pastor montañés y le pidió algo de comida. El pastor, duro de corazón, le reprochó que él también tenía hambre. El mendigo insistió y el pastor le dio la espalda, así que el mendigo le dijo “Te perderás por avaricioso, y allí dónde te pierdas saldrá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad”. Y dicen que se nubló el cielo, se espantaron todas las ovejas y el perro, lo perdió todo y él se convirtió en el monte perdido.
2. La Cruz del Sobrarbe
A las afueras del pueblo medieval de Aínsa se eleva un templete en recuerdo de la batalla que ganaron los cristianos a los musulmanes,
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La Morisma de Ainsa, recuerdo de la batalla entre moros y cristianos
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una batalla en la que la leyenda dice que se les apareció una cruz en llamas sobre una carrasca, lo cual fue todo un revulsivo para las mermadas fuerzas de los sobrarbenses. En la actualidad Aínsa sigue celebrando la fiesta de La Morisma en la que se rememora el triunfo de los ejércitos cristianos sobre los musulmanes a la puertas de la villa en el año 724. Según la leyenda, antes de la batalla, el número de musulmanes era muy superior al de los cristianos, sin embargo éstos vencieron gracias al ánimo que les dio su jefe Garci Jiménez, pero sobre todo porque en plena lucha se les apareció sobre una carrasca una gran cruz roja resplandeciente, lo cual fue tomado como un buen presagio.
Testimonio de la enorme trascendencia de este hecho legendario es que hoy en día la carrasca y la cruz roja se mantienen en el escudo de la comarca del Sobrarbe y en el de la propia Comunidad Autónoma de Aragón.
3. La Balsa de La Mora
En todo el Pirineo aragonés son numerosos los ibones o lagos de alta montaña, que han quedado como recuerdo del tiempo de los glaciares.
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Basa de la Mora o ibón de Plan, cuna de multitud de leyendas
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Son espacios agrestes de una belleza natural portentosa y lugares para la ensoñación, cuna de multitud de leyendas, como en el caso de la Basa de la Mora o Ibón de Plan.Subir caminando desde Plan hasta el ibón del mismo nombre supone una excursión fabulosa, pero subir el día de San Juan y pasar la noche arriba, puede proporcionar un espectáculo realmente excepcional, o al menos eso nos cuenta una leyenda local. Según ésta, en la noche de San Juan emerge sobre las aguas del ibón la figura de una mora que comienza a bailar al mismo tiempo que se mueven serpientes enroscadas por su cuerpo adornado con brillantes joyas. Se dice que la joven es el espíritu de una mujer musulmana que se perdió en estas montañas huyendo de las violentas luchas entre moros y cristianos, y su espectro quedó preso en este ibón, aunque no todo el mundo lo puede ver. Sólo las personas de buen corazón disfrutan con esta visión, cuya creencia es tal que incluso da nombre al ibón, ya que en la zona se le conoce como Basa de la Mora.
4. Las Brujas de la Nochebuena
Cuenta la tradición que las brujas del Pirineo se reunían todas las Nochebuenas en el pico del Turbón, donde se realizaban aquelarres y misas satánicas. En un pueblo cercano, las Nochebuenas las pasaban con felicidad, abundantes comidas y misas del gallo.
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Macizo del Turbón, lugar de reunión de las brujas del Pirineo
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Un año, una familia (la casa del señor Tomás) salió en pleno (menos la abuela, ya vieja, que quedaba en cama) a la misa del gallo a medianoche. De vuelta, para continuar con la fiesta, el señor Tomás acudió al corral a por vino y observó que su mejor mula llamada Capitana estaba muerta y con unos arañazos en el cuello y la fiesta acabó allí. Al año siguiente se pudo comprar un nuevo mulo al que llamó Carbonero, y en la nochebuena, al regresar de la misa del gallo vieron que el mulo estaba desangrándose por el cuello. Todos quedaron estupefactos, la historia se había repetido de nuevo. Al año siguiente el hijo de Tomás, Antonier, decidió quedarse en la cuadra a vigilar. Cuenta la historia que con el calor que había en la cuadra el joven Antonier se acabó durmiendo, pero despertó a medianoche y notó a los mulos nerviosos, intentó encender un fósforo, pero tras encenderlo algo lo apagó. De nuevo volvió a intentarlo y pudo observar un gato negro en el lomo de una de las mulas. Tomó un garrote y le dio con todas sus fuerzas al gato. Cuenta la leyenda que al día siguiente la abuela amaneció malherida en una pierna.
El pueblo oscense de Tella (comarca del sobrarbe) fue también uno de los lugares preferidos por las brujas para celebrar sus macabros aquelarres y hechizos. Hoy día la población acoge un museo dedicado a la bruja donde se recogen diversas historias relacionadas con la habitual presencia de brujas en la población, y hasta se tiene constancia de la Danza d’as Bruxas que todavía se baila en el pueblo.
5. La montaña de Formigal
Anayet y Arafita eran tal vez lo dioses mas pobres de la montaña, les habían despojado de sus pinares y abetales, hasta sus ganados escaseaban en sus senderos, que se habían convertido en pasos de contrabandistas. Anayet y Arafita eran trabajadores, honrados y felices y tenían una hija preciosa, la diosa Culibilla a la que el cielo doto de todas las bellezas y cualidades. Nada quería saber nunca de las pretensiones de todos los dioses pirenaicos. Sus mejores afectos eran hacia los corderillos que competían en blancura con los inmensos heleros y glaciales que rompían el verdor de sus montañas.Y más aun amaba a las humildes y trabajadoras hormigas blancas que durante el verano continuaban blanqueando la montaña, hasta el punto que Culibilla la bautizo con el nombre de Formigal.
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Ibon y pico Anayet
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La tranquila paz se acabó el día que Balaitus se enamoró ardientemente de Culibilla. Balaitus era fuerte, poderoso, temido por todos y nadie se oponía jamás a sus deseos. Él amasaba las terribles tormentas del Pirineo y forjaba los rayos capaces de destruir todo lo que le apeteciera. Era violento como ninguno cuando se enfadaba y hacia correr sus carros por encima de las nubes, estremeciendo hasta los cimientos de las montañas.
Culibilla lo rechazó, pero en mal momento ya que a él era la primera vez que lo rechazaban, y juró raptarla.
En tres zancadas dicen que se presentó Balaitus ante Culibilla, decidido a cumplir su propósito. Las montañas todas estaban atónitas, sin atreverse a defender a la diosa. Y dice la leyenda que entonces Culibilla, al verse perdida, grito: ¡A mi las hormigas! A millares acudieron de todos los sitios las hormigas blancas que empezaron a cubrir a Culibilla ante los ojos de Balaitus que, horrorizado, emprendió la huida. Culibilla, en el colmo de la amistad y el agradecimiento, se clavó un puñal en el pecho para guardar dentro junto a su corazón a todas las hormigas: es el foru de Peña Foratata. Y cuenta que los que suben al Forau de la Peña pueden claramente los latidos de Culibilla, la diosa agradecida. Y aseguran también que en Formigal, desde entonces, ya no hay hormigas blancas: todas las tiene ella.
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IV. LEYENDAS DEL PIRINEO ANDORRANO
1. El Buner D´Ordino
Cuenta la leyenda que Ordino era tierra de músicos y trovadores que tocaban un instrumento conocido con el nombre de "buna", parecido a una gaita.
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Vista de la población andorrana de Canillo
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Los habitantes del pueblo de Canillo, deseosos de celebrar la fiesta del pueblo como Dios manda, alquilaron a uno de los mejores buners de Andorra, que por aquel entonces vivía en Ordino. Pero en el momento de empezar el concierto, el buner todavía no había llegado. Aunque el músico había emprendido el viaje con tiempo suficiente, se cruzó con una manada de lobos que lo persiguieron hasta que consiguió encaramarse a lo alto de un árbol. Con el miedo, la buna se enredó entre las ramas, y cuando intentó sacarla, surgió un extraño sonido de sus entrañas que dispersó a los lobos asustados.
Al caer la noche, el hombre bajó del árbol y reemprendió el camino tocando el instrumento. Los habitantes de Canillo, cuando lo oyeron llegar, hicieron toda clase de suposiciones, a cual más rebuscada, hasta que el buner les explicó su aventura.
2. La dama blanca de Aubinyà
Cuenta la leyenda que dominando el camino hacia las tierras de Urgell, existía una torre fuerte y bien construida propiedad de un noble andorrano, que al morir la dejó en herencia a su única hija, llamada por los lugareños “la Dama Blanca”, a causa de los vestidos que solía llevar de ese color.
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Vista de Aubinyà
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Por esta época, era la iglesia de Urgell la que se había atribuido el control de estas tierras, avasallando a sus habitantes con fuertes impuestos y exigencias. La Dama Blanca era descrita como una mujer fuerte y con convicciones, así que inmediatamente de heredar la torre y las tierras de su difunto padre, prohibió en numerosas ocasiones la entrada del obispo de Urgell en los valles andorranos. Pero éste, haciendo alarde de su orgullo, entraba y salía con total impunidad aumentando a su vez las cargas sobre los indefensos campesinos.
Sucedió que una noche, tras un largo día de cobros y exigencias, la comitiva del obispo se dirigía de vuelta a la sede del obispado cargados de dinero y bienes de los campesinos andorranos. Era una noche de luna llena y se respiraba un ambiente de tranquilidad y desasosiego mientras el obispo cruzaba el borde de un bosque junto a Aubinyà, cuando de pronto escuchó una dulce y celestial voz de mujer que emergía de entre la arboleda. El obispo bajó de su corcel y dejó que la comitiva siguiera unos pasos y éste se adentró en la negrura bosque, cuando de pronto vio a una hermosa mujer bañada por la intensa luz de la luna, vestida totalmente de blanco y haciéndole signos para que se acercara a ella. El obispo, seducido, se acercó a ella y ésta le cogió dulcemente de la mano; él la abrazó por la cintura y ambos se adentraron en la espesura del bosque. Ésta fue la última vez que se vio al obispo, de nada sirvieron las batidas realizadas en su búsqueda. Cuentan también que en esas mismas fechas un gran lobo feroz comenzó a causar estragos por la zona. Pocos fueron capaces de escapar de sus fauces, y los pocos afortunados que lo consiguieron afirmaron ver en los ojos de la bestia la mirada desesperada de una persona, de un obispo… Por eso, la Dama Blanca es considerada la protectora de los valles de Andorra.
3. El lago Engolasters
Cuenta la leyenda que en este lugar andorrano se encuentra un lago sumergido por la ira divina.
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Entorno del lago de Engolasters
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Y es que hace muchos siglos, en el lugar donde hoy está el bello lago, existía una población próspera, aunque con unos corazones muy duros. Un día de invierno apareció un hombre medio muerto de frío y hambre. Rogó en diversas puertas que le dieran algo de comer y un techo donde cobijarse y todos los habitantes le negaron la entrada. Finalmente acudió a la panadería y pidió a la dueña repasar con el cuchillo lo que quedara en la panera y hacerle con ello un poco de pan porque se moría de hambre. La mujer así lo hizo, pero al ver que le salía un hermoso pan, decidió venderlo y echar al mendigo de sus aposentos. El pobre acabó marchándose de la panadería, maldiciendo. Una bella joven que pasaba por la puerta de la panadería vio lo que sucedía, y llena de misericordia le invitó a que recogiera una hogaza de pan del hostal donde vivía. El mendigo le besó las manos y le dijo: “Gracias, chiquilla, pues tú has tenido compasión de mí; por lo tanto, vete corriendo y sólo así podrás salvar la vida”.
Cuando la joven se marchó del pueblo, sonaron los truenos y una avalancha de agua se cernió sobre el pueblo, convirtiendo aquel llano en el lago que conocemos ahora. También se dice que las brujas de Andorra ascendían hasta el lago para celebrar aquelarres, completamente desnudas. Más de un hombre de aquellos valles iba a verlas bañarse desarropadas. Cuando las brujas lo supieron hicieron un embrujo para que cualquier hombre que subiera al lugar se convirtiera, de forma inmediata, en gato negro. Cuenta la tradición que, al poco tiempo, Andorra contaba con un buen número de gatos negros.
4. La imagen de la Virgen de Meritxell
Cuenta la leyenda que el día de los Reyes Magos hace mucho tiempo, cuando los habitantes de la aldea de Meritxell se dirigían a Canillo para celebrar una misa; al pasar por donde hoy está situado el santuario, los habitantes divisaron un rosal en flor, con las hojas verdes como si fuese el mes de junio.
Extrañados al ver aquella planta en flor en aquella época del año, se acercaron y encontraron a los pies del arbusto una bella imagen de Nuestra Señora. Decidieron alertar a toda la gente y explicárselo al párroco y cuando se acabó la misa, éste junto con todo el pueblo se dirigió hacia Meritxell para recoger la imagen y llevarla a Canillo donde la colocaron en el altar y prometiendo construirle un retablo.
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Santa Maria de Meritxell
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Al día siguiente, al entrar, se dieron cuenta de que la imagen ya no estaba, aunque las puertas de la iglesia estaban cerradas. Todos los habitantes de Canillo se quedaron sorprendidos al conocer la noticia. La mayoría de ellos pensaron que se trataba de un robo. Mientras los habitantes hablaban del hecho, un viajero que había pasado por Meritxell para venir a Andorra, y que ignoraba los hechos del día anterior, dijo a los habitantes que había visto una bella imagen de la Virgen de Meritxell, en mismo pie del rosal, ese mismo día. Todos pensaron que la Virgen prefería estar en Encamp, donde la habían encontrado por primera vez, así que lo comunicaron a todos. Agradecidos por la preferencia de la Madre, la pusieron en el altar mayor del templo parroquial y cuando regresaron a Meritxell volvieron a encontrarla al pie del rosal. Además, alrededor del arbusto no había nieve, a pesar de la gran nevada de la noche anterior. Los habitantes de Canillo y Encamp, atónitos ante el milagro, construyeron una capilla en el lugar donde la imagen de la Virgen había aparecido y manifestó, de forma tan clara, su voluntad de estar allí venerada por habitantes de los Valles. Y ahí está desde entonces, aunque haya tenido que ser reconstruida y la imagen vuelta a esculpir, por el incendio del 8 de septiembre de 1972.
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V. LEYENDAS DEL PIRINEO FRANCÉS
1. Salies en Bearn, el pueblo de los lagos salados
Desde tiempos inmemoriales la sal ha tenido un sentido mágico para el hombre. En el Pirineo dio nombre al importante paso a Francia de Salarons. Unida a la sal circulan algunas leyendas por el Pirineo Francés, una de ellas es la de Salies en Bearn.
Cuenta la leyenda que un mendigo harapiento y fatigado que vivía de la compasión de las gentes de los pueblos de la comarca llegó un día pidiendo limosna a Salies en Bearn, pero sus vecinos tenían el corazón endurecido, además de muy pocos recursos.
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Lago helado
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El pordiosero recorrió todo el pueblo y de todas las casas fue despedido sin que nadie le ayudara, y eso que con un mendrugo de pan y un rincón en la cuadra para dormir en la noche se conformaba. Solamente en la casa del Boucau fue acogido y tratado con un poco de cariño, pero antes fue motivo de burla, especialmente para tres mujeres costureras bien acomodadas, una madre y sus dos hijas.
A la mañana siguiente, cuando el mendigo iba a continuar su camino hacia Arancou, ahí estaban las tres haciéndole burla y metiéndose con él desde la puerta de su casa. El hombre, aunque de carácter dulce, maldiciendo el egoísmo de sus habitantes salió del pueblo condenándolo en nombre de Dios. A las costureras aún las advirtió: " Por si acaso, no volváis la cabeza porque vais a escuchar un ruido ensordecedor "
Ellas se mofaron de él y miraron descaradamente al pueblo. Un horrible rumor cada vez más violento se levantó del vientre de la tierra y ellas se convirtieron en estatuas de sal. Las aguas que brotaron del suelo se tragaron el pueblo, llegando justo hasta la última casa, la de Boucau, donde había pasado el mendigo la ultima noche, esa fue la única que respetaron.
Dicen los montañeses de la redolada que ese mendigo era el mismo Dios que había llegado el día de la fiesta del pueblo para ejecutar su justicia con los hombres. La casa de Boucau existe todavía y el pueblo fue reconstruido años mas tarde junto a los lagos salados. Cuentan también que hace un centenar de años se alzaba allí un menhir que remataba en dos puntas. La gente afirmaba que representaba a la madre y a las hijas costureras castigadas por Dios. Y hasta en la roca se veía grabada, la marca de las tijeras.
2. El caballo de Bezú
Cuenta esta leyenda que un templario de la fortaleza del Bezú partió hacia tierra santa junto a otros hermanos de la orden para combatir contra los sarracenos poco antes de que fuesen reconquistados por estos últimos los Santos lugares de Jerusalén. Este templario llevaba años unido a un hermoso caballo blanco, compañero infatigable de mil y una cabalgaduras a todo lo largo y ancho de la región, sentía por el animal un gran aprecio y se mostraba orgulloso de su casi inseparable compañero. Día tras día se acercaba la fecha de partida a un viaje lleno de peligros e incierto del cual pocas garantías había de regresar ilesos tanto jinetes como caballos.
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Caballo
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Pocos días antes de su partida decidió cambiar de caballo y adquirió otro corcel curtido ya en batalla. Muy a su pesar llegó la víspera de iniciar su incierto viaje y con los primeros rayos del sol el templario salió por última vez junto a su caballo en el que sería su último paseo junto a su antiguo amigo y compañero. Se alejó de la fortaleza tanto como pudo y a bastantes leguas del lugar se dio cita con otro templario que le aguardaba con su recién adquirido caballo negro.
Con enorme tristeza descendió de su blanco corcel y acariciándole las crines le dijo "Algún día volveré a por ti…" dicho esto procedió a quitarle la montura, estribos y riendas, dándole la libertad en un inmenso prado junto al lado de un bosque surcado por arroyos donde estimó que el alimento y el cobijo no iban a faltarle al animal. Finalmente el templario colocó su vieja montura y demás pertenencias sobre el caballo negro y emprendió el camino de vuelta hacia el Bezú, dejando a su suerte a su antiguo caballo y albergando en el fondo de su corazón la esperanza de volver algún día a ese mismo lugar y poder reencontrarse con su viejo compañero. Llegó el día señalado y un escuadrón de caballeros de blancos mantos y cruces rojas dejaron por siempre estas tierras para jamás volver…
Se cuenta en la zona hoy día, que son muchos los testigos que aseguran haber visto a un caballo blanco sin montura merodear por las inmediaciones del monte Bezú. Hay quien incluso dice haber podido acercarse a él y acariciarlo. Otros cuentan que en mitad de la noche han estado a punto de sufrir un accidente con su coche o vehículo al cruzarse en su camino como salido de la nada… Un caballo blanco que dicen los viejos del lugar sigue esperando a su jinete después de varios siglos.
3. El Lago de Lourdes
Este lago situado en los Hautes Pyrénées tuvo, durante mucho tiempo, una siniestra reputación. Se decía que, cuando un desgraciado se ahogaba, su alma quedaba prisionera en el fondo del lago. Una leyenda cuenta que una vez, en el lugar donde se halla el lago de Lourdes, se erigía una ciudad cuyos habitantes eran tan malvados y pervertidos que Dios decidió destruirla y tragarse a todos los habitantes, sin embargo, aceptó hacer una excepción con una familia que se había comportado de manera piadosa y caritativa todo el tiempo.
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La fuerza del agua
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La tarde que precedió la destrucción de la ciudad, un enviado de Dios se presentó al cabeza de familia y le dijo: " Esta ciudad va a ser destruida por el Señor. Coge tu mujer y tus hijos y huye lejos de aquí! Pero no olvides una cosa: sea lo que sea lo que oigáis, no debéis volveros a mirar lo que sucede”
La familia abandonó la ciudad. Pero apenas habían salido de sus límites oyeron unos espantosos ruidos tras ellos. El hombre se tapó la cabeza y les obligó a caminar más aprisa repitiéndoles que bajo ningún pretexto, se giraran hacía atrás. Entonces su mujer, con el más pequeño de sus hijos en brazos, presa de la curiosidad y queriendo saber con absoluta certeza que era lo que sucedía se giró, y de repente, se convirtió en estatua de piedra.
Desde entonces, algunas tardes de noviembre, cazadores y pescadores rezagados a orillas del lago, afirmaban oír el repique de las campanas sumergidas conmemorando el aniversario del castigo.
En la orilla de la carretera de Poueyferré existe un gran bloque de piedra (tal vez megalítico) llamado "la Peira Crabèra", inclinado en la direccion del lago, del que la leyenda asegura tratarse de la mujer que había sido petrificada cuando huía de la ciudad.
4. La Serpiente de Isaby
En la antigüedad, la serpiente más grande que jamás haya sido vista merodeaba las praderas de Isaby, sobre el pueblecito de Pierrefitte, en el valle del río de Pau. Incontables rebaños pastaban sobre estas laderas, guiados por los pastores del valle y sus grandes perros blancos.
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Cuando el dragón despertaba, un soplo mágico atravesaba el valle arrastrando rebaños a las entrañas del monstruo
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Cuando el dragón despertaba, abría su enorme garganta y un soplo mágico atravesando el valle arrastraba rebaños, perros y pastores dentro de las entrañas del monstruo. No obstante había en el pueblo de Arbouix un hombre dotado de mucho coraje y no menos habilidad quien decidió liberar a su país, y con tal propósito construyó una forja en el lugar más secreto del valle de Isaby. Puso sobre el fuego un pesado yunque de hierro; cuando estuvo al rojo, con la ayuda de leales compañeros, lo llevó como reclamo hasta la entrada donde vivía para el monstruo, y todos huyeron.
Cuando la serpiente vio el hierro incandescente, lo aspiró como hubiera aspirado una oveja, de una vez. El fuego llegó a sus entrañas y muerta de sed la bestia se puso a beber y beber hasta reventar.
Entonces, el agua que había tragado se extendió por el fondo del valle: de esta manera nació el lago de Isaby, de aguas azules y abundantes en pesca.
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VI. LEYENDAS DEL PIRINEO CATALÁN
1. Las Iglesias del valle de Boí
Una vieja leyenda, relacionada con tres de las iglesias del valle de Boí, cuenta una conmovedora historia de un trío amoroso.
Dicen que una chica rica de Erill la Vall, llamada Eulalia, se enamoró de Climent, un chico de buena casa de Taüll. Estaban tan enamorados que cada uno construyó una torre de seis pisos junto a su casa; así podían verse y hacerse señales con facilidad. Pronto apareció Joan de Boí, secretamente enamorado de Eulalia, y empezó a levantar una torre para comunicarse con la chica y a la vez entorpecer y hacer sombra a su rival. Cuando hubo levantado tres pisos, tuvo tan mala suerte que se le acabó el dinero, de modo que no le quedó más remedio que abandonar su empresa. El pobre muchacho no pudo hacer otra cosa que resignarse a ver como los amantes se enviaban mensajes de amor. Pero cuando la pareja ya estaba a punto de casarse, Climent enfermó y murió. Al final de esta historia se reencontraron Eulalia y Joan, y ambos llevaron una vida virtuosa y ejemplar.
A la muerte de estos personajes, el papa los hizo santos, y los pueblos donde habían nacido los adoptaron como patrones. Sus casas se transformaron en iglesias y las torres de sus amores en campanarios. Esta historia explica por qué los tres campanarios (Erill-Boí-Taüll) trazan una línea recta, y por qué el del medio es pequeño y grueso, mientras que los otros dos son más esbeltos.
2. La montaña mágica del Pedraforca
El Pedraforca siempre ha sido fuente de inspiración de todo tipo de leyendas sobrenaturales y brujeriles. En los pueblos y aldeas del Pedraforca, en la comarca del Berguedà, se creía que todas las mujeres sin excepción eran brujas. Casadas muchas de ellas para engañar al marido cuando este dormía se levantaban y dejaban un leño cerca de la cama, para simular que estaban allí.
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La noche de san Juan se celebra en todo el Pirineo
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Las que tenían hijos escupían al suelo y si alguno se despertaba llamando a su madre, la saliva les respondía. La enforcadura de la montaña entre los dos pollegons fue el paraje de los aquelarres. Dicen que se celebraban en las noches de San Juan y de San Silvestre (31 diciembre). Las brujas subían con escobas, andando desde Gósol se tarda hora y media. A 2.300 metros de altitud en un entorno agreste de agujas y peñas calcáreas revivimos aquellos encuentros. Se cree que las brujas hacían hervir un gato negro que se deshacía dentro del puchero, entonces cada una cogía un hueso del animal y pidiendo un don, lo lanzaban por la montaña. También se cuenta que habita en esta montaña un brujo que congrega rayos, truenos y granizo, sale de un agujero y tiene forma de pájaro negro, como un grajo, pero de tamaño mucho mayor. Muchas más son las leyendas que llegan del Pedraforca, se dice que está maldito ya que había en su cumbre antiguamente única un castillo de moros protegido por el diablo. Dios envió un ejército de ángeles para ahuyentarlos. La fortaleza sucumbió y la cima quedó partida en dos mitades, los actuales gajos o pollegons.
3. El Gigante de Garós
Las leyendas sobre los gigantes se suceden en varios rincones del Valle de Arán como en Garós, donde vivió el Gigante de Garós, en una cueva próxima a Betlan, un pueblecito cercano. De una estatura cercana a los 3 metros y una fuerza inmensa, luchó contra los invasores Romanos cuando penetraron en los valles. Los Romanos al no saber como hacerle frente, tomaron como rehenes a su mujer y a su hija.
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Vista del valle de Arán, en el pirineo de Lleida
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Comandando a los hombres de sus tierras, entró en el campamento romano, arrasándolo y rescatando a su familia y como aviso de quienes eran, mandó cortar una oreja de cada prisionero, para mandarla a Roma. Su dureza y violencia parecía terrible a algunos vecinos, que en realidad, veían en él una amenaza para sus intereses. Por eso, se unieron para acabar con él. Después de una terrible lucha, fue vencido, y al verse atado y humillado, no pudiendo soportar el deshonor, ordenó a su fiel sirviente que lo matase, clavándole un clavo en la nuca. La calavera se conservó mucho tiempo en la Iglesia de Garós. La reliquia, se creía que tenía poder para curar y fortalecer a los niños.
Contemplando las cimas de la impresionantes montañas y pensando en lo dura que debía de ser la vida por esos lugares, no cuesta mucho esfuerzo pensar que pudo haber existido una raza de gigantes, surgida de quién sabe dónde, que habitasen estos parajes hechos casi a su medida. De todas formas, detrás de una leyenda, existen unos hechos reales, que después con el tiempo, se han ido remodelando por la imaginación popular... Preferimos quedarnos con el recuerdo de Mandronius, el gigante bueno, porque así es como es recordado, que amó a una aranesa, con quién tuvo una hija, que los salvó a todos de los opresores Romanos, y que al final, como suele ocurrir, por la ignorancia, incomprensión, el temor y las envidias, halló la muerte a manos de su propia gente...
4. El lago de Malnui
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Lago de Malniu
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En el Puigpedrós, en plena Cerdanya se encuentra este lago en un bello paraje. Frecuentado en verano, dicen que alberga muchos misterios. Los aquelarres se celebraban en un lugar maldito. Se dice que en el fondo de las aguas hay una ciudad que se inundó durante el cataclismo que tuvo lugar después de la muerte de Jesucristo. De esa villa era nativo Poncio Pilato, que vaga por ella sin descanso. Si alguien bebe de sus aguas le sienta mal, y sus truchas en la sartén, cobran vida y se escapan. La costumbre popular dice que en las noches de Viernes Santo en el pueblo de Meranges creen que se ve representada en el fondo de las aguas la crucifixión con las tres cruces del calvario. Malniu, además de ser un lugar de encantadas o mujeres de agua, era también un lugar de brujas. El mejor testimonio es Aldonça Rossa, conocida como la brujita de Bellver. Cuando la justicia de esta villa la sometió a juicio el 17 de junio de 1619 afirmó que una bruja llamada Juanga la untó con un ungüento y ambas salieron por la chimenea y volaron hasta Malniu. Allí organizaron un sábat junto con otras mujeres y hombres. Bebieron, comieron, hicieron corro en torno del fuego, inhalaron vapores de hierbas, insultaron a Dios, y besaron el culo del diablo encarnado en macho cabrío. Después de estas declaraciones la justicia la denunció a la Inquisición pero el tribunal perdonó a Aldonça que solo tenia 13 años bajo la condición de que no practicara nunca más la brujería.