17/09/05.-La relación del hombre con los animales ha sido estrecha desde el comienzo de la historia. Además de proporcionarle alimento y compañía, algunas especies han jugado un papel determinante en el desarrollo económico y social de los pueblos pirenaicos.
Los caballos son utilizados ahora para dar paseos y conocer el entorno de una forma diferente
Los burros se utilizaban antiguamente para el transporte de cargas pesadas
La utilización de los animales domesticados en el trabajo y el transporte ha estado muy extendida. Su fuerza tractora ha sido utilizada para el
transporte de personas y mercancías, para el arrastre de cargas y aparejos y en la realización de diversas labores agrícolas. De hecho, hasta la generalización de los medios de transporte y hasta el inicio de la mecanización del campo, caballos, mulos, burros y bueyes han sido el mejor complemento para el desarrollo de las labores agrarias.
Durante la época de labranza, los mulos eran los
encargados de tirar del arado para preparar el cultivo de cara a la siembra del cereal. Aunque este proceso se realizaba a mano, la semilla se envolvía en la tierra mediante aperos tirados por caballerías.
Llegado el momento de la siega, los mulos eran de nuevo los encargados de acarrear los fajos de cereales hasta la era de trillar. Allí, eran las yeguas, que criaban normalmente una vez al año, las que realizaban este trabajo durante la época estival. Asimismo, los bueyes también se empleaban para labrar, sembrar y trillar. Cada casa se arreglaba con los animales de los que disponía, una situación que cambió radicalmente en nuestro país en la década de los 60 cuando fueron haciendo acto de presencia en el medio rural las primeras trilladoras y tractores, prototipos que nada tienen que ver con la moderna maquinaria actual, aunque entonces supusieron una notable mejoría de las condiciones de trabajo agrícolas.
No obstante, en muchas partes del mundo continúan utilizando la energía proporcionada por los animales, a pesar del desarrollo de la mecanización. De hecho, diversos informes destacan que este aprovechamiento es ahora mayor que en el siglo XIX. Esta circunstancia está en parte propiciada por el importante crecimiento demográfico vivido en los últimos tiempos, lo que ha disparado la demanda de productos alimentarios. En los países en vías de desarrollo, el incremento poblacional ha traído aparejado la intensificación de los procesos productivos. Ahora bien, las reducidas dimensiones de las explotaciones agrarias y, sobre todo, el elevado coste de la maquinaria han hecho de la tracción animal el único modo de sacar adelante estos proyectos.
Caballo con su potro
De vuelta a nuestro país, hemos de prestar especial atención al caballo, un animal que gracias a la resistencia física y a su inteligencia se ha convertido en uno de los ejemplares más apreciados. Antes de la aparición del motor de explosión y del desarrollo de los transportes, los equinos realizaron duros trabajos al servicio del hombre. Después, han adquirido un papel vinculado al ocio, al deporte y a la aventura, sin descartar por ello su potencial alimentario. En este sentido, la carne de caballo es hoy por hoy un producto de calidad, que cuenta con un mercado importante en la Unión Europea. En este
momento, Francia es uno de los países donde más se consume este tipo de carne y también uno de los principales importadores de este alimento. Sus
beneficios para la salud humana están, por otra parte, fuera de dudas, ya que diversos estudios dietéticos le atribuyen un bajo contenido en grasas, un elevado valor proteico y propiedades inmunizantes respecto a la tuberculosis.
Los tractores son ahora los protagonistas de la actividad agraria
Pero, por encima de todo, el caballo es hoy en día un animal destinado a la competición y al recreo de mayores y pequeños. El Pirineo y el resto de la geografía nacional han visto florecer en los últimos tiempos centros de ocio y descanso donde se brinda a los turistas la posibilidad de conocer a lomos de un caballo la flora y la fauna propia del lugar. Como en todo, la oferta se ha diversificado hasta límites insospechados para satisfacer las demandas de todo tipo de clientes. Para ello, se ofrecen desde paseos cortos hasta grandes rutas, que se prolongan varios días y que incluyen pensión completa, transporte de equipajes y alojamiento. También es cada vez más frecuente
contemplar a jinetes y caballos recorriendo rutas de gran valor simbólico, como el Camino de Santiago, que hasta hace poco tiempo se completaban de forma mayoritaria a pie o en bicicleta.
Los animales de carga han sido sustituidos en la tareas agrícolas por tractores y trilladoras
Los que quieran aprender los secretos básicos de la equitación, pueden acudir a clubes de hípica y a otras instalaciones similares. Las primeras sesiones se destinan a obtener un mayor conocimiento de este animal porque los expertos aseguran que en esta actividad es clave conseguir una compenetración física y emocional entre equino y jinete. Gestos tan sencillos, como sacarlos de la cuadra, cepillarlos con asiduidad, ensillarlos antes de cada sesión y hablarles con suavidad son esenciales para ganarse su confianza. Las últimas clases son de iniciación en la monta de caballos, intentando que en una media de diez sesiones, el jinete adquiera la seguridad y la confianza necesarias como para seguir montando en el futuro. El número de clases y el coste económico de las mismas varía de unas escuelas a otras, pero en general hay ofertas que se ajustan a la mayoría de los bolsillos.
Una buena oferta de ocio es conocer el entorno y naturaleza del Pirineo a lomos de un caballo
Iniciativas similares se llevan a cabo con otros animales que, al igual que los caballos, perdieron protagonismo con la llegada de la mecanización. Se trata de los burros, declarados en extinción por la Unión Europea. Si la cabaña equina experimentó un descenso considerable tras la irrupción de la maquinaria agrícola, la población de burros sufrió una regresión fulminante que a punto estuvo de
terminar con ellos. A pesar de su testarudez,
acrecentada más si cabe por la sabiduría popular, este animal desempeñó una labor importante en el medio rural, sirviendo para la carga y la realización de muchas tareas agrarias. En la actualidad, todavía es posible contemplar a este animal acompañando a los ganados trashumantes que abandonan sus lugares de origen en busca de climas más cálidos donde haya abundancia de agua y de pastos verdes.
Campo de cereal
Al igual que el caballo, el paso del tiempo le ha propiciado ocupaciones más agradecidas, siempre relacionadas con el esparcimiento humano. Además de los famosos burros andaluces de Ronda, son muchas las empresas de ocio que proponen a los turistas circuitos de duración variable a lomos de este animal. Habitualmente, estas iniciativas surgen en entornos naturales que ofrecen un amplio abanico de posibilidades relacionadas con el descubrimiento y disfrute del medio ambiente. Los paseos pueden durar unas horas o prolongarse durante varios días y pueden realizarse con o sin guía.
Un caballo trillando la era en una tarde de verano
En nuestro país, existen varias clases de burros en función de la zona geográfica en la que nos encontremos. En las zonas de montaña, vivía el burro del Pirineo, un ejemplar ya desaparecido que servía para transportar, alimentos, ropas y otras mercancías. Tenía cabeza grande, orejas largas y pelo corto y negro. Además, destacaba por su temperamento fuerte y por ser un excelente trotador.