Historia
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Pergamino
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El Monasterio de San Juan de la Peña, centro espiritual y símbolo del Antiguo Reino de Aragón, fue declarado en 1889 Monumento Nacional por sus valores artísticos, y más tarde, en 1920, recibió el título de Real Sitio Nacional por su pasado glorioso.
Debido a la invasión musulmana, encabezada por el caudillo musulmán, Almanzor, un gran número de monjes tuvieron que huir, abandonando los monasterios. Pero un pequeño grupo de ermitaños consiguieron esconderse en este recóndito rincón del Pirineo y desarrollar una vida religiosa y eremítica hasta el S. X.
En torno a 1025, Sancho el Mayor de Navarra, con motivo de la introducción de los monjes benedictinos en Aragón, funda un nuevo centro sobre el núcleo primitivo. En ésta época se amplía la iglesia Baja, para construir sobre ella una nueva consagrada en 1094, de estilo románico jaqués, cubierta en parte por la mole de roca bajo la que se asienta, y se realizó el panteón de nobles.
Los siglos XII y XIII fueron de decadencia para el monasterio, debido a los múltiples pleitos contra los arzobispados vecinos, que fueron mermando su patrimonio. En 1245, finalmente, el abad Iñigo llegó a un acuerdo que le proporcionó un largo período de paz.
Al siglo XV corresponde uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica aragonesa, cuando la sala capitular fue convertida en capilla de San Victorián.
En el siglo XVII, un incendio, que duró tres días, arrasó el refectorio, la hospedería y el archivo del monasterio. La tragedia hizo que la construcción acabara con un aspecto lamentable, por lo que se planificó la edificación del Monasterio Nuevo, de estilo barroco, aunque el monasterio bajo nunca se abandonó del todo construyéndose en él, el panteón real, obra neoclásica del siglo XVIII.
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