Pirineo, Pirineos


El valle de Nuría, un mundo para todos


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1.- Índice
2.- Introducción
3.- Historia del Valle
4.- El Santuario de Núria, entre la leyenda y los milagros
5.- Actividades de la población
6.- Mitos y leyendas
7.- El tren cremallera
8.- El valle de Ribes y su entorno
9.- Entorno natural
10.- Rutas e itinerarios para todos los gustos
11.- Curiosidades

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El agua, uno de los elementos más valorados en en valle, se encuentra en forma de torrentes, pequeños riachuelos o fuentes como esta que se encuentra al lado de la ermita de San Gil
9. ENTORNO NATURAL

El valle de Núria tiene un gran interés paisajístico y natural. Está rodeado por cimas de casi tres mil metros, donde nacen multitud de fuentes y torrentes. Debido a su situación geográfica y al clima, presenta una flora y una fauna características de la alta montaña medioeuropea y las zonas alpinas. Además, viven en el valle algunas especies vegetales y animales endémicas de los Pirineos. El santuario está a casi 2.000 metros de altitud, en el punto en que confluyen tres valles: a poniente se encuentra el de Finestrelles, con el valle subsidiario de la Coma de l'Embut; al norte, el d'Eina, y a levante el de les Mulleres, formado por el de Noucreus y el de Noufonts.

Un paisaje de alta montaña

El conjunto de todos ellos constituye un gran valle cercado por una extensa y alta cresta semicircular que lo cierra por el este, el norte y el oeste por encima de los 2.700 metros; la cumbre más alta es el Puigmal (2.910 m). Por el sur, un risco duro y alto cierra el conjunto de estos valles. Las aguas del río de Núria pueden fluir sólo por unos desfiladeros altos y estrechos excavados en medio de esta roca dura.

Siguiendo el rio de Núria, hacia el sur, el valle es muy angosto, hasta el valle del Freser, río que, en Ripoll, se une al Ter. Todo ello hace que en Núria el relieve sea abrupto y el clima frío y lluvioso. Dominan los bosques de pino negro, pero, en las vertientes más altas, sólo puede subsistir el prado alpino. Su acceso ha sido siempre difícil, en especial en invierno, con los senderos nevados y helados.

En las gargantas del río de Núria y del Freser encontramos los gneis, antiguas rocas cristalinas que provienen del zócalo o soporte primitivo del Pirineo; tienen colores más bien claros, de lejos ligeramente amarillentos o rosados.
Los materiales de origen sedimentario que se depositaron sobre los que les precedieron durante toda la llamada era primaria o paleozoica, posterior­mente, se convirtieron en los esquistos que forman las crestas y las cimas del entorno de Núria; son de colores mucho más oscuros, terrosos o negruzcos.


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Un entorno natural rodeado de frondosos bosques de pinos
En medio de los esquistos aparecen de forma discontinua y muy con­trastada materiales carbonatados, originariamente calcáreos, transformados en mármoles caracteristicos en el paisaje por sus tonos claros, bÍancos, gri­ses o azulados. Por su capacidad de disolverse en el agua y engullir los torren­tes superficiales, producen la circulación subterránea y son el origen de los llamados fenómenos cársticos como el Forat de l'Embut, camino del Puigmal, u otros que se encuentran en las cercanías de Queralbs.

La acción de los glaciares
Las grandes unidades de relieve del territorio pirenaico quedaron con­figuradas a partir de los plegamientos de mediados del terciario. La fisonomía de detalle de los valles y las altas lomas pirenaicas se debe, sin embargo, a los acontecimientos posteriores. El más significativo, en el Pirineo, fue el enfria­miento acusado del clima durante la época cuaternaria, a consecuencia de lo cual se formaron glaciares que llenaron de hielo muchos valles a lo largo de varios kilómetros.

Por encima de Núria, desde el Puigmal hasta el Torreneules, las partes más elevadas de los valles se convirtieron en circos glaciales desde los que descendían lenguas de hielo. En Núria confluían los procedentes de los valles de Finestrelles, d'Eina y de les Mulleres, donde, a causa de la enorme acu­mulación de hielo y del poder de excavación de éste, se originó la formación del amplio valle y el llano donde actualmente está situado el santuario. Posteriormente, la masa de hielo se vio obligada a superar el obstáculo del roquedal duro (gneis) que forma las gargantas, y lo pulió y desgastó. El glaciar procedente de Núria recibía, además, otras dos lenguas de hielo procedentes de la Coma de Fontnegra y de la Coma de Fontalba, una por cada lado. El gla­ciar descendió hasta los 1.200 metros de altitud, aproximadamente en los alrededores de Queralbs, después de haberse unido, poco antes, con el glaciar procedente del valle del Freser.

El aspecto y la morfologia de los altos valles pirenaicos, como el de Núria, se deben fundamentalmente a la acción erosiva de aquellos glaciares, hoy totalmente desaparecidos. Crestas, vertientes y fondos de valle han sido tan sólo retocados ligeramente por los mecanismos de erosión posteriores: la corriente del agua y la rotura de la roca por el frío y el hielo del invierno y tam-
bién por los aludes.

El clima
El relieve elevado del valle de Núria y la relativa proximidad con el Mediterráneo condicionan un clima de alta montaña relativamente húmedo. La precipitación media anual es superior a los 1.100 mm, con un máximo en verano debido a las tormentas. La primavera y el otoño también son muy llu­viosos. El invierno es la estación con menos precipitación y la más irregular, a pesar de que mayoritariamente es en forma de nieve.

La permanencia de la nieve en el suelo es muy variable según los años. En el santuario de Núria, los últimos años, ha oscilado entre 62 y 164 días. A mayor altitud la duración de la nieve se alarga considerablemente. En los rincones donde la nieve se acumula, se forman ventisqueros que no se derriten totalmente hasta finales de verano.

Las temperaturas son frias o frescas todo el año. En el santuario, la temperatura media anual es de 5,2 °C. En las cimas más elevadas se apro­xima a los O °C. Enero suele ser el mes más frío, y julio y agosto los más calu­rosos.


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El serbal de los cazadores abunda por estos parajes
La Flora
El clima es el causante de que el paisaje vegetal de Núria sea diferente del de las tierras bajas y de la montaña media. El frio no permite que los robles y los fresnos se desarrollen bien a partir de los 1.500 m, aproximadamente. Sólo aguantan estas condiciones el pino rojo y el pino negro y algunos árboles caducifolios como el serbal de cazadores, árbol elegante, que en prímavera se adoma con abundantes ramilletes de flores de un tono blanquecino. En otoño, cuando maduran los frutos, volviéndose primero anaranjados y después de un rojo cada vez más vivo, esta rosácea tiene un aspecto especialmente vistoso. También son frecuentes el sauce cabruno y el abedul.

Los bosques de pino negro ocupan en Núria un espacio más reducido del que ocuparían de forma natural, a causa de la necesidad, que se tuvo durante mucho tiempo, de leña para calentarse y de troncos para la cons­trucción, así como para facilitar terrenos abiertos para el pastoreo de los ani­males domésticos. La destrucción del bosque comportó la expansión de los matorrales de azalea común y de enebro rastrero, como también de gayuba y piorno. En las cimas y los collados orientados al norte se ha extendido un matorral denso y raso dominado por la azalea rastrera.

Por encima de los 2.400 m, el bosque no puede constituirse natural­mente a causa del fria y de la cobertura de nieve durante muchos meses. Se pasa del piso subalpino de los bosques de pino negro al piso alpino de los pra­dos. Ello es debido al fria intenso de todo el año puede incluso nevar y helar en pleno verano y a la larga duración de la cobertura de la nieve. El prado alpino está constituido por un buen número de especies de hierbas, sobre todo de la familia de las gramíneas y las ciperáceas, de hoja estrecha y lineal, acompañadas de otras hierbas que a menudo toman forma de masas compactas almohadilladas.

El aspecto del prado alpino, siempre verde en verano, debido a la humedad del suelo y las tormentas frecuentes, con cambios sucesivos de color por el predominio de plantas con flores grandes y vis­tosas, como las gencianas, los azafranes, las pri­maveras, las azucenas del Pirineo, los acónitos y los ranúnculos. Las primeras heladas transforman el color verde en marrón claro y amarillento, mien­tras esperan que la nieve las cubra de nuevo.

Al lado de esta vegetación normal, en rela­ción con el clima, se establecen comunidades ve­getales especiales. En los ventisqueros, allí donde la nieve no se funde completamente hasta muy tarde, se constituye una vegetación dominada por sauces enanos con diversas hierbas y musgos. También merece mencionarse la vegetación que se forma sobre las rocas. Estas plantas han de ser capaces de sobrevivir en condiciones muy duras, con fuertes contrastes de temperatura, largos periodos de sequía, escasos nutrientes y falta de puntos de apoyo. Se trata de plantas pequeñas, que suelen for­mar pequeñas almohadillas densas y compactas. Sobre canchales y gleras viven pocas plantas, con raíces largas, que deben soportar la movilidad y la inestabilidad de los roquedales.



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Espesos bosques de pinos, paraiso de las setas
Las setas tienen un papel importante en el mantenimiento del equilibrio ecológico porque descomponen la materia y la transforman en sustancias que sirven para alimentar a otras especies. En primavera y principal­mente a finales del verano y en el otoño, los bosques y los prados se llenan de una gran variedad de setas, algunas de ellas comesti­bles y excelentes, como por ejem­plo, la seta de primavera, que vive en los prados, entre la hierba y en los matorrales no muy espe­sos; su carne no es fibrosa sino que se rompe y se desmigaja entre los dedos, tiene un sabor agrada­ble y un olor de harina fresca. El rebozuelo vive general­mente en grupos o formando corros. De preferencia en bosques de planifolios, pero también se puede encontrar bajo los pinos. Es una seta fácilmente identificable por su sombrero irregular de carne fuerte y por su color amari­llo de yema de huevo. Sin embargo, el más conocido y buscado es el níscalo, seta de tonos anaranjados y rojizos, de carne fácilmente desmenuzable, de olor agradable y de gusto algo amargo, crece bajo los pinos y otras conífe­ras desde finales de verano y durante el otoño. También, bajo el pino negro, y los abetos, en la alta montaña pire­naica encontramos el hongo cala­baza, de color cane­la, más oscuro en el sombrero que en la base. Su carne con­sistente, blanca o amarillenta, ligeramente perfumada, hace que sea una de las setas más aprecia­das por la buena cocina.

La fauna

El predominio de prados y de bosques abiertos favorece la presencia de herbívoros grandes (ciervos, rebecos, cabras montés) en la alta montaña, en especial durante el verano; también algunos osos y lobos, aunque desde hace siglos y con el fin de favorecer a los animales domésticos, el hombre los ha perseguido hasta hacer desaparecer algunos de ellos.

En los últimos años, algunas de estas especies se hanvuelto a recuperar, como es el caso del rebeco, recuperación que ha sido posible gracias a que en el año 1966 se estableció la Reserva Nacional de Caza de Freser-Setcases y se prohibió su captura. También ha tenido lugar una re-colonización de muflones y marmotas, a partir de reintroducciones realizadas en la vertiente francesa. Estos herbívoros no entienden de fronteras y pasan al valle de Núria para encontrar un ambiente más soleado y cálido que en la vertiente francesa, más fresca y húmeda. Hoy en día es muy fácil encontrar rebaños de rebecos y muflones correteando por el valle de Núria e, incluso, grupos de mar­motas que, expectantes desde sus madrigueras, se convierten, con sus silbidos característicos, en los vigilantes de estos valles.

Otros mamíferos grandes presentes en Núria, pero que resultan más dificiles de observar directamente, son el jabalí, el zorro, la marta, la garduña, la liebre, o el armiño, carnívoro mejor adaptado a las condiciones extre­mas de la alta montaña, ya que cambia el color del pelo según la esta­ción. En invierno se vuelve blanco como la nieve para así ser más dificil de ser visto, aunque conserva el ápice de la cola de color negro. Pequeños mamíferos, como los topos, se puede detectar por los montículos de tierra que encontramos en los prados. Cerca de las corrientes de agua, viven unas cuantas musarañas.


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La azucena del Pirineo es el símbolo del Valle de Núria
Para el visitante es fácil ver pájaros mientras pasea por los alrededores de Núria. Uno de los más corrientes es el avión común. A lo largo de los torrentes vuela el mirlo acuático. Por las vertientes altas se observan el carníca­lo y el quebrantahuesos y, si se tiene suerte, se puede observar un grupo de buitres en busca de un rebeco o un muflón muertos. En los canchales y los espacios abiertos vive la perdiz nival, que cam­bia de color según la estación: marrón en verano y blanca en invierno.

De anfibios únicamente se encuentra por estos valles la rana bermeja, la salamandra común y el tritón alpino.

En cuanto a los reptiles, la víbora, el lagarto ágil y la lagartija roquera, son los más comunes. Por lo que se refiere a los peces, es de destacar la trucha, que vive en los ríos y riachuelos. Su presencia difi­culta la supervivencia de la rana ber­meja, las salamandras comunes y los tritones, porque la trucha se alimenta de sus larvas.

Organismos tóxicos y venenosos
En el entorno de Núria podemos encontrar especies vegetales y setas tóxicas, asi como animales venenosos. Destacamos los más representativos y más peligorosos:
  • La víbora que puede tener unos 60 cm de largo; tiene las escamas dorsales bien carenadas y unos ojos pequeños con la pupila vertical. Su cabeza es triangu­lar, con la parte anterior del hocico ligeramente levantada. Tiene un par de glándulas vene­nosas en la bóveda de la boca, conectadas a dientes expertos en forma de colmillo curvado. Cuando muerde, puede produ­cÍr la muerte, especialmente a personas delicadas.
  • Acónito azul (aconitum napellus): tiene las hojas palmadas, profun­da y repetidamente divididas en segmentos estre­chos. Las flores, de un intenso azul violáceo, se agrupan abundantemente en racimos en el extremo de los tallos. La encontramos en los prados de alta montaña y también en los lugares frecuentados por el ganado. Su toxicidad es debida a un potente alca­loide, la aconitina. Pocos miligramos son sufi­cientes para producir la muerte por parálisis car­diorrespiratoria, unas 4 ó 5 horas después de la ingestión y de la aparición de síntomas como vómitos, dolor de cabeza, frío y asfixia.
  • Ballestera (veratrum album): planta de hojas anchas, ovaladas o elípticas, que se hacen cada vez más pequeñas hacía el extremo. Tiene las flores verdosas reuni­das en largas espígas ramificadas y su medida va de los 50 cm a los 100 cm. Igual que el acónito, la encontramos en sitios de paso del ganado, así como en prados fértiles y pastos húmedos. Es una especie muy tóxica, de acción narcótica y paralizante a causa de los alcaloide s que contiene. Antiguamente, se utilizaba para envenenar las flechas que se usaban para cazar a los animales.
  • Matamoscas (amanita muscaria): seta muy bonita, considerada la más espectacular y característica. Tiene el sombrero casi siempre de un color rojo vivo, con restos de mota en forma de verrugas blancas. Las láminas, el pie y el anillo que de él cuelga son blancos, característica que lo dife­rencia de la amánita de los Césares de tonos amarillo dorado. Provoca trastornos en el aparato digestivo, a menudo acompañados de otros en el sis­tema nervioso y alucinaciones.
  • Cicuta verde (Amanita phaloides): es una seta más bien grande, con un sombrero carnoso hemisférico, que se va aplanando con el tiempo; es un poco bri­llante en estado atmosférico seco y viscosa en tiempo húmedo. Su color característico es el verde oliváceo. Tiene las láminas blancas, con reflejos verdosos y el pie blanco. La mota que envuelve la base del pie es blanca y muy ancha. Su carne, también blanca, no tiene ningún olor ni gusto característico. Puede ser mortal a causa de la faloidina. Los efectos tóxicos apa­recen de 8 a 24 horas después de la ingestión, cuando la lesión hepática es ya irreversible.


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