10/11/06.- En otoño, los brillantes colores y formas de los frutos silvestres, son un placer para la vista y porque no, también para el paladar. Es momento de recolectar, aprovechando los paseos por el campo, castañas, membrillos, escaramujos, endrinas y realizar dulces, conservas y mermeladas que llenarán nuestra despensa de color, olor y sabor.
Ha llegado el momento de llenar la despensa para el invierno; las viejas costumbres vuelven y los frutos de otoño recolectados en nuestros paseos por el campo se convertirán en mermeladas, gelatinas, licores y dulces, guardando así todas sus esencias para alegrar los fríos días de la nueva estación.
El hombre no puede sustraerse a su pasado de cazador-recolector, es algo que se encuentra en nuestra memoria genética. Durante miles de años la raza humana sobrevivió recolectando bayas y frutos en la naturaleza porque sólo de vez en cuando tenía la suerte de conseguir alguna pieza de caza. En la actualidad algunas tribus siguen manteniendo un esquema similar a éste, pero para nosotros conseguir una buena conserva constituye más un placer por saborear el gusto de estos alimentos fuera de la época de recolección, que una cuestión de supervivencia.
Algunos frutos se utilizan para elaborar licores
Los mejores frutos que la tierra nos ha dado durante el verano, verduras y hortalizas en forma de espárragos, alcachofas, lechugas, escarolas, tomates y pimientos con los que hemos elaborado suculentos platos o ensaladas, ahora, en otoño es el momento de guardarlos cuidadosamente en nuestras despensas, ya que desde siempre los productos de la tierra son los que han servido para la alimentación del largo y crudo invierno. Es la temporada de las conservas, las despensas están repletas de patatas, cebollas, ajos, manzanas, frutos secos, hierbas aromáticas, ricas conservas, suculentas mermeladas y transparentes jaleas, compotas agridulces, salsas de tomate, jugosos pimientos y licores caseros que ayudarán a soportar la nueva estación.
Los membrillos, auténticos reyes de la época otoñal, decorarán y perfumarán nuestras alacenas y verán transformado su sabor acre en dulzor profundo mediante compotas, jaleas o dulce de membrillo.
Aunque en la actualidad, se han perdido algunas de las costumbres y tradiciones de conservar todos estos frutos como despensa del invierno, aún permanece vivo el recuerdo de alacenas y estantes llenos de botes de conservas de diferentes colores, donde se almacenaban, no sólo los frutos del otoño sino también los del verano, pimientos secos, tomates en conserva o mermeladas de frutas del verano como las ciruelas. A esto se le unían las mermeladas de escaramujos o zarzamoras, los licores de endrinas, las gelatinas, carne de membrillo y toda clases de dulces elaborados con almendras, nueces, avellanas, higos o pasas secas.
Flor de endrino
Algunas precauciones a tener en cuenta
Todo aquel que alguna vez ha paseado por el campo ha sentido una irresistible tentación de probar esos frutos magníficamente expuestos al aire y al sol dotados con una explosión de colorido, rojos, amarillos, morados o anaranjados.
Recolectaremos endrinos sin hojas pero con los frutos violáceos, escaramujos de color naranja intenso, brillantes castañas, enebros de color azul oscuro, que servirán de base para nuestras conservas.
Sin embargo, hay que tener precaución a la hora de elegir los que consumimos, ya que a veces esos mismos colores llamativos, son una advertencia que nos avisa del peligro de toxicidad.
Entre los frutos silvestres que nos ofrece la naturaleza hay muchos que son comestibles pero también los hay tóxicos e incluso mortales, como es el caso de la belladona. Por ello es imprescindible saber identificar bien la planta y también de que lugar se recolecta, pues los lados de las carreteras suelen estar llenos de polvo y en otros puede haber restos de productos químicos. Se ha de procurar buscar sitios donde la planta sea abundante y con muchos frutos.
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