25/11/05.-Su zumbido nos anuncia la llegada de la primavera y su imagen está estrechamente ligada al trabajo y la organización. Y es que la vida en una colmena se asemeja mucho a la de una empresa en la que cada individuo tiene una clara función que cumplir. Estos insectos producen, además de toneladas de miel y cera al año, un gran beneficio al equilibrio medioambiental a través de su función polinizadora.
1.- LAS ABEJAS, INSECTOS QUE HACEN LA VIDA MÁS DULCE
En el antiguo Egipto se creía que cuando el dios del Sol lloraba, sus lágrimas se transformaban en abejas al tocar el suelo. Estos insectos tenían, por tanto, un origen divino para los egipcios, quienes fueron los primeros en domesticar colonias de abejas, dando así origen a la apicultura hace miles de años.
Enjambre de abejas situado en lo alto de una rama
Y es que, pese a que el cine actual ha tratado de demonizarlos en innumerables ocasiones, la realidad es que la relación entre estos insectos y el hombre ha sido muy estrecha desde la antigüedad. No en vano, el hombre pronto se dió cuenta de la cantidad de beneficios que compartir el territorio con las abejas podría acarrearle.
Como sabemos, las abejas producen cada año toneladas de miel y de cera que nos son de gran utilidad. Sin embargo, el mayor beneficio que genera una colmena es su gran contribución al equilibrio medioambiental a través de la polinización. Al viajar en busca de alimento, las abejas van posándose en diferentes flores, con lo que ayudan a que el polen de una pueda llegar a fecundar a otra situada a decenas de metros.
Aunque al imaginar una abeja siempre pensamos en un pequeño insecto con rayas negras y amarillas, lo cierto es que existen en el mundo alrededor de 22.000 especies diferentes. Y, pese a que algunas son solitarias, la mayoría vive en colonias de miles de individuos en las que todos tienen una función que cumplir, ya que su estructura social está perfectamente definida.
Cada grupo está gobernado por una sola reina que pone todos los huevos y se encarga de buscar un lugar adecuado para establecer el nido, mientras que el resto del enjambre lo componen en su mayoría las llamadas obreras, hembras estériles cuya función es la de cuidar los huevos, recoger el alimento, y construir y reparar el nido. Los machos, también llamados zánganos, sólo existen durante una determinada época del año para llevar a cabo la fecundación de la reina.
Panales llenos de miel
Las abejas poseen una fama de trabajadoras totalmente justificada. Buscar alimento, ayudar a la recolección o reparar los nidos, compuestos por celdillas de cera hexagonales que las propias abejas construyen, son algunas de las tareas que estos insectos llevan a cabo en su interminable jornada laboral. Y todo para que, si tal vez se da la ocasión, algún depredador acabe con la barriga llena.
Para evitarlo, poseen las abejas un aguijón cargado con veneno que, por lo menos, cumple la función de disuadir a los ávidos de miel. Y es precisamente esta arma de defensa la que les ha generado mala fama entre los humanos. Pese a lo que se cree, las abejas no atacan si no son molestadas, lo mejor es dejar que se alejen en paz.