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Pájaro de fuego: Mariano Olivera y la aventura de volar en globo


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Pájaro de fuego

por Maite López

por Pili Solano Sin

por Carola Berdinger

Galeria fotográfica

(Fotos: cedidas por Mariano Olivera)


PÁJARO DE FUEGO. Autor: Maite López


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Barquilla y quemadores
Mariano Olivera es un hombre fascinado por las alturas, por su profesión, la fotografía y por descubrir una nueva perspectiva para ver el mundo. No es de extrañar que también sea el primer piloto de Globo Libre de la provincia de Huesca, el primero que se ha aventurado en el campo de la aerostación por la complicada orografía altoaragonesa.

De la mano de este piloto navalés vamos a descubrir el sorpendente mundo de la navegación en globo aeróstático, un apasionante campo desconocido para la gran mayoría de la gente.

Un antiguo sueño

El globo aerostático, la primera máquina con la que el hombre logró alcanzar uno de sus sueños más antiguos, fue ideado por los hermanos franceses Montgolfler, en 1.782. Al primer vuelo sin piloto, sucedió una segunda demostración con un pato, un gallo y una oveja a bordo. En 1783 un globo con dos hombres se elevó a 25 metros de altura. Con el vuelo de 36 km. de Jacques Alexandre Cesar a una altura de 3.500 metros el hombre se acercaba a las nubes y el mundo de la aviación iniciaba su imparable trayectoria.

Para disfrutar con total seguridad

Desde entonces, el afán de volar libre ha convertido al globo en una aventura fascinante y una experiencia inolvidable. Disfrutar de un paseo en globo no sólo no representa ningún peligro sino que para muchos expertos, es la forma más segura de volar. Sólo se vuela si las condiciones atmosféricas son favorables, las travesías se realizan siempre con viento suave y se toman todas las precauciones, por lo que el riesgo puede considerarse nulo.

Comienza la aventura

El paralelismo de la aerostación con la vida misma radica en la partida, pues en ambos casos sabemos de dónde salimos pero no a dónde vamos: el destino es siempre incierto porque no podemos dirigir el globo a nuestro antojo; supone una aventura continua, como la vida misma.

El lugar de aterrizaje es un misterio, aunque siempre es un lugar accesible para el vehículo de apoyo, que vigila desde tierra la trayectoria del globo. La misión del piloto y de todo el equipo de apoyo es ofrecer emociones intensas con el máximo grado de seguridad.

¿Cuándo volar?

Con el inflado de la vela comienza la aventura. El desarrollo de esta acción es un buen indicador de las característica que tendrá el vuelo: si el inflado se produce sin arrastre de vela y con leve brisa, el vuelo será placentero, relajado, perfecto, aunque habrá poco desplazamiento.

Para realizar el inflado de un globo la velocidad máxima del viento debe ser de 25 km/h para pilotos expertos y para no tan expertos 18 km/h será casi prohibitivo: cuando las banderas ondean rectas, las columnas de humo hacen un ángulo menor a 45º respecto al suelo, o cuando se mueven las ramas de un pino, el viento es demasiado fuerte para realizar un vuelo seguro. Los vientos fuertes deforman la envoltura, complican el inflado, se aumenta el riesgo de quemar la vela y hacen que el aterrizaje sea mas brusco y será necesaria mayor extensión de terreno para detener el aerostato.

Pueden verse globos volando en cualquier época del año, dado que nuestro país, por su climatología, es uno de los mejores de Europa para la práctica de la Aerostación.

Si el tiempo lo permite, cualquier día del año durante cualquier estación es bueno para volar. Sin embargo, aún con previsiones favorables, multitud de vuelos se cancelan por cambios de ultima hora en la dirección e intensidad del viento, por la aparición de tormentas próximas, nieblas, etc...

Los mejores momentos del día son el amanecer y el atardecer, cuando "el viento cae" Conforme el sol calienta la atmósfera, hacia las horas centrales del día, se producen térmicas por el calentamiento del sol que obligan a aterrizar.

Sensaciones en vuelo

Un vuelo de corto desplazamiento nos ofrecerá la posibilidad de disfrutar del paisaje, suspendidos a 1500 m. de altura, saboreando cada momento de esta maravillosa experiencia. Durante el ascenso la tierra se va haciendo pequeña a nuestros nuestros pies. No hay más que relajarse, sentir el contacto directo y permanente con al naturaleza y descubrir un mundo de sensaciones y placeres dentro del viento.


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Como el globo vuela dentro de la masa gaseosa de aire, casi no se percibe sensación de movimiento: es el suelo que se mueve por debajo de nosotros.

Subir a un globo es dejarse volar, flotar suave, ligera e imperceptiblemente, con el sonido del quemador rompiendo el silencio a cada llamarada. En lo alto, el sonido circula de forma distinta a como lo hace en el suelo: por ejemplo, el ladrido de un perro parece producirse en el aire alrededor de nosotros y la gente en tierra puede oirnos hablando en un tono normal.

Una vez en vuelo, la temperatura no disminuye significativamente con respecto a la de superficie. Además, como el globo vuela dentro del viento, no se perciben las ráfagas de aire frío en la barquilla (salvo si se baja muy deprisa). En los vuelos invernales el quemador da calor al piloto y a los pasajeros.

Una burbuja en el cielo a merced del viento

Según la regulación de Aviación Civil un globo es un aerostato, es decir, una aeronave provista de un recipiente lleno de un gas más ligero que el aire atmosférico, que la hace flotar o elevarse en el seno de éste. Asciende gracias al calentamiento del aire del interior de la vela y desciende cuando éste se enfría. Es como una gran burbuja de aire a merced del viento y la habilidad del piloto.

Su control es vertical y su dirección a través de los vientos, horizontal. El piloto lo controla con mucha precaución mediante el quemador y la válvula de corona, a través de los que coloca el globo a la altura deseada para introducirlo en las corrientes de aire que le son más propicias. El piloto sólo puede cambiar de dirección ascendiendo o descendiendo a otra corriente de aire, o entrando en un valle, donde el aire se canaliza.

En vuelo, el globo alcanza la misma velocidad que lleva el viento en superficie, por lo que lo normal es que realicemos entre 8 y 20 km. por hora de vuelo. Un vuelo standard puede durar unas 2 horas.

Un globo puede alcanzar alturas en las que las personas necesitan oxígeno para respirar. El record de altitud está por encima de unos 20.000 m.

Vela, barquilla y quemador

La vela está compuesta por franjas verticales unidas con paneles independientes de un material sintético impermeable y capaz de resistir las altas temperaturas del interior (nylon o poliester). Su volumen depende de los modelos y de la capacidad de carga que pueden soportar. El modelo más popular (de 2.200 m3) mide 17 metros de diámetro en su parte más ancha y 23 metros desde el suelo hasta la corona, la misma altura que un edificio de seis plantas.

La barquilla suele ser de mimbre o junco entrelazado y tiene forma cúbica. Vela y barquilla están unidas con cables de acero.

Los quemadores de gas se sitúan dirigiendo el chorro de fuego hacia la boca de la vela. Las bombonas van fijadas al suelo de la barquilla. Son de propano, más seguro, fácil de conseguir y barato que los anteriormente utilizados (hidrógeno y helio). 3 ó 4 bombonas proporcionan unas dos horas de autonomía.

Equipo, licencia y mantenimiento

El equipo necesario a bordo consta de altímetro, variómetro (mide la velocidad vertical media), termómetro, brújula, aparato de radio, extintor,...

La Dirección de Aviación Civil regula el modo de obtener la licencia de Piloto de Globo Libre a través de un curso de vuelo realizado en una Escuela de Vuelo para Aeróstatos.

El aerostato, como el resto de las aeronaves certificadas, debe pasar los controles periódicos indicados en los Manuales de Mantenimiento de cada modelo de globo, siguiendo las instrucciones del fabricante.

El montaje


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Este proceso para el que se necesita contar con un equipo de 3 ó 4 personas, dura aproximadamente unos 30 minutos. Se comienza armando la cesta, con los mastiles y el quemador, haciendo de ellos una única pieza. Posteriormente se tumba la cesta y se orienta en la dirección del viento para facilitar su inflado. Se extiende la vela (de unos 20 m. dependiendo el modelo) y se une al conjunto de barquilla-quemador. Después se coloca un ventilador en la boca de la vela para introducir aire en su interior. Éste se va calentando con el quemador (de 80 a 110º C) hasta que, al pesar menos que el aire frío que lo envuelve, el globo se eleva. El momento de elevar la vela es uno de los más espectaculares.

Un espectáculo al alcance de todos

Poca gente ha visto un globo frente a sí. Solamente el proceso de montaje ya constituye un espectáculo en sí mismo. Después viene el momento de dar quemadores y elevar la vela... impresionante.

Con motivo de las fiestas de nuestros pueblos, ferias y otros acontecimientos, algunos ayuntamientos contratan exhibiciones y vuelos "cautivos" en la plaza de la localidad: el globo se eleva atado a tres ó cuatro cabos.

En la barquilla de un modelo de globo medio pueden ir el piloto y dos pasajeros, aunque en la actualidad se construyen modelos que pueden transportar hasta 32 personas. El mayor globo construido en la historia transportaba a 64 pasajeros y fue diseñado en Australia. Los llamamos globos-bus.

El precio de volar

Un globo básico se puede adquirir a partir de unos 25.000 €, pero uno preparado para exhibir publicidad puede costar unos 35.000 €. El valor de un aerostato con forma especial puedes ser de más de 50.000 €, dependiendo de la complejidad del trabajo. Los hay con forma de botella de butano, forma de zapato, etc...

La vida de un globo

Con un cuidado apropiado la vela de un globo pude durar alrededor de 5 años o aproximadamente 400 horas de vuelo. Un uso exclusivo para vuelos cautivos la desgasta más que un uso mixto o exclusivo para vuelo libre, dado que las continuas presiones de ascenso y descenso degradan enormemente la vela.

Es improbable que el poliester o el nylon de los que está confeccionada la vela se dañe. Sin embargo sí puede darse la circunstancia de que se haga una rasgadura accidental en el inflado de la vela o en algún aterrizaje, a causa de los objetos cortantes en la superficie, pero se detecta rápido.

Por su gran tamaño, un globo es fácil de evitar por los pájaros. Además, éstos (al igual que otros animales del suelo) se asustan con el ruido del quemador.

Abriendo rutas

La sensación de volar Huesca es única. No es comparable a volar otra provincia. Somontano, Monegros, Cinca, Litera y Hoya son comarcas ideales para practicar el vuelo en globo. Lógicamente la montaña tiene el inconveniente de que se reducen los campos de aterrizaje y cuando el viento es muy fuerte es prácticamente imposible controlar el vuelo.



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Volando el Somontano: en busca de emoción y aventura

Arriba en vuelo, las impresiones son multiples y muy variadas. Impresiona contemplarse así, flotando en las alturas en una cesta de mimbre, sobrevolando nuestros preciosos parajes, contemplando la majestuosidad de nuestras montañas, el Cotiella, el Turbon a lo lejos..., el discurrir de los ríos Cinca o Vero convertidos en pequeñas arterias, las diminutas aglomeraciones de casas en Fornillos o Berbegal, tratando de relacionar la nueva perspectiva que nos ofrece nuestra posición a 2.000 m. de altura con el terreno ya conocido.

Visto desde el cielo, el mundo parece distinto y la realidad cobra nuevos significados. Eso sí: al bajar de la cesta la vida sigue siendo igual. Bueno, igual, pero con unas increibles sensaciones añadidas a nuestra existencia, con la certeza de que hemos tenido el privilegio de gozar de esa nueva percepción del espectáculo del mundo...

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