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Otxagavia: encanto natural


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Caserío de Ochagavía (Foto: Jesús Erro)
20/12/06.- Una propuesta para el fin de semana. Si existe un lugar en el Pirineo navarro que conserva todo el encanto de las aldeas montañesas que han logrado sobrevivir a siglos de austeridad sin agotar los recursos, perfectamente integrada en el paisaje, ese lugar se llama Otchagavía.



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Danzantes de Ochagavía
Otchagavía (
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) es una de las villas mejor conservadas del Pirineo Occidental. Situada en el umbral de la alta montaña navarra, rodeada de bosques oscuros y húmedos, sus tejados inclinados forman un mar de aguas rojas vigilado desde lo alto por la torre de la iglesia. Sus calles y casas custodian hoy un pasado que no se debe olvidar.

Otsagabia conserva su casco urbano originario crecido entre los ríos Anduña y Zatoia, con sus grandes casas de piedra labrada sobre cuyos rojos tejados despunta la iglesia de San Juan Bautista. Son varias las casas que mantienen rasgos góticos, con puertas ojivales, dovelas, cruces y símbolos solares inscritos en los dinteles, y ventanas. Otras destacan por su porte majestuoso del siglo XVIII, con fachadas de sillería, escudos sobre las puertas, balcones de hierro forjado en el piso superior y tejados a cuatro aguas. La mayoría son edificios independientes, separados sus muros por la llamada "arteka", un espacio vacío que no llega a permitir el paso entre calles.

El casco urbano, reconstruido en la primera década del siglo XIX, se reparte en cuatro barrios. En la margen izquierda del Anduña se situa el barrio de Urrutia con sus casas adosadas, de planta rectangular y tejado a dos aguas, que resguardan pequeñas huertas. Más abajo, otras de aspecto señorial cobijan el frontón, las escuelas y la plaza de Pedro Gúrpide, escenario de fiestas y celebraciones. En la ribera opuesta, los barrios Iribarren e Irigoyen alinean sus casas frente a las de Urrutia, reflejándose todas en las aguas del río. Tres puentes conectan ambas riberas, uno de ellos conserva su antigua estructura de piedra con dos arcos. Las callejuelas escalonadas serpentean convergiendo bajo los soportales de la iglesia de San Juan Bautista, en cuyo interior se guardan tres retablos renacentistas y un coro con catorce asientos, labrados entre 1574 y 1578 por el escultor Miguel de Espinal. Detrás se extiende el barrio de Arasanatea.

Sin embargo, el carácter más peculiar de la arquitectura urbana de Otsagabia es la gran pendiente de sus tejados, con su parte central más inclinada que los aleros. Sus cubiertas, en la actualidad de teja plana roja, fueron hasta el siglo XIX de tablillas de madera, como es tradicional en toda la región. Hoy, debido a los incendios que asolaron la población durante la invasión francesa, sólo se conservan sobre la torre de la iglesia y en la ermita de Muskilda.

Mención especial debemos hacer de la ermita de Muskilda, enclavada en lo alto de la montaña que le da nombre, desde donde se domina gran parte de la comarca. La ermita data de tiempos de Sancho VII el Fuerte (1194-1234). Su portada es románica, y la puerta lateral está fechada en 1671. En su interior guarda un retablo realizado en 1642, en cuya hornacina reposa la Virgen de Muskilda, patrona de Otsagabia, imagen gótica del siglo XV. Los vecinos han venerado y custodiado su virgen desde tiempos inmemoriales. Cada año, durante las fiestas patronales, le bailan danzas tradicionales en las que intervienen ocho "dantzaris" y el ya famoso "Bobo", personaje estrafalario, caracterizado con dos máscaras que salta y grita salvas a la Virgen.

Tierra de pastos y aprovechamiento de madera

Otsagabia fue siempre la localidad más poblada del valle, siendo la ganadería la actividad principal de sus habitantes. Las extensas praderas que coronan la sierra de Abodi están sembradas de dólmenes donde los pastores de la Edad de los Metales enterraban a sus muertos. La crudeza del invierno en las montañas les obligaba a emigrar con su ganado a la búsqueda de pastos abrigados, costumbre que se ha mantenido vigente hasta nuestros días.

Desde 1502, en que fue otorgado un Privilegio por los reyes de Navarra, Don Juan y Doña Catalina, los ganaderos salacencos comparten con los roncaleses los pastos de las Bardenas; descienden cor sus rebaños de ovejas a finales de setiembre po la cañada que recorre todo el flanco oriental de Navarra hasta llegar a las puertas de las Bárdenas, donde permanecen hasta el mes de mayo.



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Imagen de la Virgen de Muskilda, patrona de Ochagavía
En el valle, sin embargo, escaseaban las tierras de labor; existe una queja vecinal, fechada en el siglo XV, por los perjuicios que los bosques generaban sobre la agricultura, pues empezaba una cierta actividad forestal en el XVI, como evidencia el encargo en 1587 de 1000 remos para ser enviados a Tortosa, el interés de monarcas y nobles por la villa se centraba en la crianza de mulas de tiro y el reclutamiento de soldados en tiempo de guerra, así como la provisión de azores para la práctica de la cetrería.

Por otro lado, el aprovechamiento de la riqueza de los bosques de Otsagabia no fue relevante hasta después de la Edad Media, concretamente fue en el siglo XVIII cuando la actividad forestal creció, coincidiendo con el reclamo hecho por la Armada Real para fabricar mástiles y madera de haya para cascos y remos. Asimismo, aumentó el número de almadieros salacencos navegando río abajo por Sangüesa, rumbo a Tudela, Zaragoza y Tortosa.

La fabricación de remos debió mantener su prestigio, pues en torno a 1880, Pedro María Miqueleiz, señor de la Casa Mancho, vendía a Barcelona y a varios astilleros del Cantábrico más de 3.000 remos al año. Eran elaborados en el taller donde el "marrazador" desmontaba los troncos con su hacha, el "labrador" daba forma al remo y finalmente el "blanqueador" lo impregnaba con aceite de linaza o grasa de ballena; por último, los "arrieros" se encargaban de su transporte con mulas.

De leyenda

Emplazada en una de las rutas de acceso a la oscura y húmeda selva de Irati, a la sombra del monte Ori (2.021 m), Otsagabia (valle de Zaraitzu-Salazar), guarda toda la magia y el misterio de personajes como Basajaun, Señor del Bosque, cuya leyenda ha llegado hasta nuestros días a través de los relatos que circulan por la zona. También se cuenta que desde el siglo XVI al XVIII, habitaron brujos que celebraban aquelarres en la plaza del pueblo. A pesar de que los fantásticos testimonios acusadores eran aportados por niños, y en otras ocasiones ya había sido demostrada su falsedad, no se pudo evitar que Ortuño Legaz, vecino de Otsagi, fuera condenado a tres años de destierro. Aún hoy, por si acaso, en las puertas de las casas se sigue colgando la "eguzkilore", un cardo que aseguran ahuyenta los malos espíritus.

La Torta, olvidado juego infantil

La Torta se jugaba al mediodía, en una esquina del frontón antiguo. El alguacil era el encargado de cuidar las tortas, roscones elaborados por el panadero del pueblo. Dos parejas corrían detrás del que llevaba la torta y el que la cogía en el camino, ganaba.

Los jóvenes del pueblo corrían ya tras la Torta a principios de siglo, pero con los años desapareció. Las chicas participaban el día de las danzas, y un personaje llamado el "Bobo", corría delante de la torta, mientras el alguacil cuidaba el cesto. Los corredores cazaban al "Bobo" y después repartían el roscón entre todos. Era un juego de niños para adultos.

Hoy Otsagabia se recupera del despoblamiento acusado a mediados del siglo XX atrayendo a visitantes con el mágico hechizo del paisaje rural pirenaico.
  • Cómo llegar Desde Pamplona por la N-240 y la NA-178 por Lumbier, o por la N-135 y la NA-202. En ambos casos al llegar a Ezkarotz, hay que continuar por la NA-140, que pasa por Otsagabia y llega a la frontera en el puerto de Larrau.
  • Qué hacer: Paseos por Irati y Abodi. Ascenso al Orhi desde el puerto de Larrau. Esquí de fondo en las pistas de Abodi, desde el Collado Pikatua.
  • Dónde comer: en cualquiera de sus restaurantes podrá degustar los más exquisitos platos de la cocina tradicional navarra.
  • Donde dormir: acogedoras casas rurales, hostales y pequeños hoteles esperan al viajero.
  • Fiestas: 8 de setiembre, Virgen de Muskilda; procesión a la ermita y pasacalles por el pueblo. Romería de la Virgen de las Nieves, en el corazón del bosque de Irati, el domingo anterior al 15 de agosto.


Ascensión al Ori

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Domingo 18 de Mayo de 2008
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