08/01/07.- El esquí de montaña, también llamado de travesía, como otras actividades que se practican en el Pirineo, se trata de un deporte de riesgo, a medio camino entre el alpinismo y el esquí que no precisa de zonas preparadas ni señaladas y que tiene como objetivo hacer la ascensión y el descenso de un pico, una travesía o una excursión.
Dicen las viejas historias que las tribus Mongolas del Neolítico cuando realizaron su éxodo hacia tierras del norte de la actual Europa, llevaron consigo tablas de madera para deslizarse por las llanuras nevadas sin hundirse. Allí, pueblos como los Lapones las perfeccionaron. Se han encontrado restos de esquís primitivos, en Suecia, de hace mas de 4500 años. Pero solo llaneaban por las gélidas estepas por comodidad, no por deporte. Habrá que esperar hasta el 1880 hasta que Cecil Slingsby subió por placer al collado del Keiser Pass para bajar esquiando. Desde entonces hasta ahora solo ha cambiado el material, el fin sigue siendo el mismo: El disfrute en la montaña invernal.
EL MEDIO
La montaña en invierno es un mundo hostil para el ser humano no acostumbrado a ella desde generaciones. El aprendizaje para disfrutar de ella es necesario. El frío, la cambiante nieve, el aislamiento, todo esto exige una preparación de la que no hay que olvidarse por muy deportistas que seamos. Es importante tener una mínima idea del tiempo que nos espera, y del tipo de nieve que nos podemos encontrar. De ello depende la seguridad de todo el grupo. Ante la duda, mejor irse a almorzar, esa ladera soñada siempre estará allí.
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