Nota: Parte de los párrafos del presente artículo han sido reproducido literalmente de la siguiente publicación: “Plantas venenosas: No todo el monte es orégano” Fcº Javier Barbadillo Salgado (revista Natura). Otras obras del mismo autor en Editorial Pirineos.
5. OTRAS PLANTAS PELIGROSAS: ADELFA, DIGITAL, CÓLQUICO Y HELÉBORO
Ramblas y riberas se cubren en verano del rosado florecer de las adelfas, aunque también estas flores quedan bien representadas en no pocos parques y jardines. Se trata de inconfundibles arbustos de hoja lanceolada y dura que albergan sustancias digitálicas que afectan al aparato digestivo y al corazón.
También conocida como dedalera (flores que recuerdan dedales) la digital purpúrea se cobija en variados hábitats: bosques, prados o roquedos siempre que la naturaleza del sustrato sea silícea; en los Pirineos se acerca hasta los dos mil metros de altitud. El género digitalis, dentro de la familia de las escrofulariáceas, es muy abundante en todo el mundo, de flores muy atractivas y grandes, a veces utilizadas en jardinería lo que puede ocasionar algún que otro accidente.
En la digital existen al menos dos glucósidos que, por descomposición, dan otras dos sustancias: digitoxina y gitoxina. En las semillas aparece otro glucósido (la digitalina) presente en las hojas en menos cantidad. La acción de la planta sobre el ritmo cardíaco ha sido conocida y aplicada desde antiguo. Durante el siglo XIX su empleo suscitaba adeptos y detractores entre los facultativos. Sea como fuere, la toxicidad de la digital la hace peligrosa por su poder. La mayor cantidad de principios activos contenidos en las hojas de la digital, se constatan al atardecer, careciendo prácticamente de ellos durante el alba. Provoca naúseas, vómitos, trastornos de la visión y del ritmo cardíaco.
Colquico
Aparentemente el cólquico resulta ser un azafrán silvestre, sin embargo, su mismo nombre (derivado de Cólquida, patria de la envenenadora Medea) nos pone sobre aviso de la poca confianza que nos debe merecer esta planta de flores otoñales rosadas que se yerguen directamente del suelo. El bulbo y las semillas almacenan colquicina, dilatador de los capilares sanguíneos a los que puede dañar peligrosamente. Según la dosis llega a provocar parálisis en el sistema nervioso central. Sobrepasando los límites tolerables causa la muerte paralizando el sistema respiratorio.
Aunque poco se conoce de la composición química del heléboro fétido, su simple olor basta para desistir su posible degustación. Y no sólo esto, basta manipular la planta para experimentar cómo las manos pierden sensibilidad y acaban adormeciéndose. El uso externo enrojece la piel y levanta ampollas. Purgante drástico y tóxico cardíaco, su digestión provoca dolores de estómago, vómitos, ansiedad, debilidad del pulso e incluso la muerte.
Vedegambre
Los pastos de montaña en la cadena pirenaica cuentan entre sus numerosos elementos vegetales con la presencia del vedegambre o heléboro blanco, planta vivaz de la familia de las liliáceas confundible, en ausencia de flores, con la genciana amarilla. Hay que tener cuidado con las hojas, ya que tienen un sabor relativamente agradable, parecido a la escarola, pero al igual que el resto de la planta son muy venenosas y su consumo origina una fuerte intoxicación. El rizoma, de composición extremadamente compleja, registra más de dieciocho alcaloides. La alta toxicidad del vedegambre se debe a los alcaloides protoveratina y germerina. En la piel causan desagradable calor y acción anestésica. Intervienen sobre el aparato digestivo y centros reguladores del cerebro, originando convulsiones y asfixia.