Nota: Parte de los párrafos del presente artículo han sido reproducido literalmente de la siguiente publicación: “Plantas venenosas: No todo el monte es orégano” Fcº Javier Barbadillo Salgado (revista Natura). Otras obras del mismo autor en Editorial Pirineos.
6. LOS LLAMATIVOS FRUTOS PROHIBIDOS
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Las bayas rojas del Acebo son venenosas
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Amarga réplica de las dulces frutillas con que nos regalan algunos vegetales, los “frutos prohibidos” son causa, en no pocas ocasiones, de desagradables aconteceres. Generalmente el llamativo aspecto de no pocos de ellos, induce erróneamente a considerarlos aptos para su cotidiano consumo.
Los frutos negros de la hiedra están provistos de hederían. Vomitivos y purgantes, son tóxicos para el hombre y ciertos animales. Tanto los frutos como las hojas provocan náuseas, diarreas y congestión de las meninges.
Rojos y brillantes, los pequeños frutos del acebo, aún digeridos por algunas especies de aves, no son muy recomendables, pues ocasiones ha habido en que causaron al parecer la muerte de algún niño. Al igual que los frutos de la hiedra, purgan y hacen vomitar.
De la extensa cadena pirenaica hasta las húmedas montañas de la cordillera cantábrica, maduran por julio los frutos del mezéreon o lauréola hembra. Por lo general en bosques de hayas y abetos. En el resto del país, la lauréola macho fructifica en las montañas. La primera da frutos rojos y la segunda de coloración negra. Ambos poseen propiedades similares. Levantan escozores en boca y garganta, dolor en el estómago y vientre, irritación de las vías urinarias, diarrea, vómitos, inflamación de los riñones, dificultades respiratorias y muerte por colapso.
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Rama de acebo (Ilex aquifolium)
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La embudada flor del aro blanquea la primavera de sotos y setos en la mayor parte de la Península Ibérica e islas Baleares. Con el inicio del verano desaparece la flor y queda el vástago desnudo, cubierta la cima por un cúmulo de bolitas rojas. Descompuesta la sustancia existente en hojas y rizomas se obtiene cianhídrico. Otro principio venenoso se localiza en los frutos, cuya ingestión provoca inevitables vómitos, diarrea e irritación del tubo digestivo.
De dos a tres metros alcanza el evónimo o bonetero, un arbusto norteño de las montañas, en donde se le localiza entre encinas o robles, aunque también está presente en riberas y setos. Los frutos, divididos en cuatro gajos, se vuelven rojos a partir del mes de septiembre, cólicos, diarreas, desfallecimiento y convulsiones preceden a la muerte por intoxicación.
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