Piezas, utensilios y aperos de labranza en el Espacio Pirineos
4.- PLANTA SUPERIOR
Una amplia escalera da acceso a la parte alta de la iglesia. En esta planta el ámbito geográfico de la exposición se amplía a la totalidad de la cordillera pirenaica. Las distintas secciones temáticas presentan aspectos comunes a ambas vertientes del Pirineo, incidiendo en los factores de unidad, pero sin olvidar todos los matices que otorgan variedad y riqueza al territorio, y hacen de cada valle un lugar único de fuerte personalidad. Diferentes salas que se comunican por pasarelas muestran elementos expositivos de contenido etnográfico como el hogar, la fiesta, la casa, el trabajo en el Pirineo, Ferias y Mercados, espacios naturales, el Románico o las guerras de religiones.
Un panel luminoso que bajo el título “Piedras para la Fé” presenta diversas muestras del Románico, da paso a una sala donde se proyecta un audiovisual que refleja los principales hechos históricos ocurridos en la cordillera pirenaica desde los umbrales de la historia. Siguiendo el recorrido, el visitante se encuentra ante una pasarela situada donde antiguamente se hallaba el coro de la iglesia, que le llevará a otra sala que acoge un panel explicativo sobre “Guerras por la fe”; desde aquí, otra sala dedicada a la familia muestra piezas originales sacadas de anticuarios que se acomodan en una antigua mesa preparada con todos los enseres de mesa necesarios de la época. También adornan la estancia unos paneles explicativos sobre la herencia y fotos familiares antiguas.
Libros del Archivo Histórico Municipal albergados en el Espacio Pirineos
La visita a la sala que muestra aspectos del Pirineismo, estudios botánicos, el termalismo o el esquí y una nueva pasarela que presenta una sucesión de paneles luminosos con imágenes de abetos, barrancos, cañones, cuevas y gorgas, dan por finalizado el recorrido.
En esta misma planta se ubica el Archivo Histórico que contiene entre otros, documentos notariales donados por la familia Altemir, una ilustre familia de notarios de Graus; se trata de una colección de más de 40 pergaminos de importante valor.
La casa, el hogar y el fuego
La peculiar arquitectura pirenaica es uno de los signos distintivos de esta tierra. Además de ser un lugar que se usaba como vivienda, la casa se divide en diferentes estancias como el pajar, el establo y la cuadra, a veces la capilla, o el horno de pan, aunque el centro simbólico y real de la vida en la casa era el hogar, espacio que circundaba el fuego, generalmente rodeado de bancadas, comía la familia disponiéndose según una estricta jerarquía. En invierno, tiempo de estar junto al fuego, este adquiría su verdadero protagonismo pues ancianos, mujeres y niños se reunían en torno a él, mientras que los hombres se encontraban fuera, trabajando en Francia o con el ganado en las tierras del sur.
La familia
La familia se identifica con la casa y cada casa tiene un nombre propio que no designa sólo el edificio de vivienda, sino que abarca también a las tres generaciones que viven y trabajan en ella, los criados y pastores, los campos, las bordas y todo el patrimonio que el grupo familiar posee. La necesidad de mantener unido el patrimonio de la casa ha dotado a la familia pirenaica de una estructura peculiar, determinada por rígidas normas ajenas al Derecho de los dos países.
Antigua cadiera pirenaica en el Espacio Pirineos
En la casa viven los abuelos, pero la autoridad recae en el padre y la madre, que gozan de las mismas prerrogativas. Solía haber gran número de hijos, pues eran considerados una fuente de prosperidad para la casa. El heredero era tratado con mayor consideración, los demás hermanos debían emigrar, casarse o quedarse solteros en la propia casa, trabajando a cambio del sustento. También vivían en la casa criados y pastores y en algunas zonas existía una curiosa figura llamada el “donado”: se trataba generalmente de huérfanos que se entregaban a la casa como sirvientes, en un compromiso que duraba de por vida.
El trabajo
El gran panel del Espacio ilustra el mundo del trabajo en el Pirineo, desde la economía tradicional a las nuevas actividades de los siglos XX y XXI. Las primeras labores que aparecen en el panel son las tradicionales, que ahora sólo perviven como actividades residuales. Las fundamentales eran la agricultura de subsistencia y la ganadería, más importante, que se basaba sobre todo en el ovino mediante unas prácticas trashumantes. Junto a ellas destacó la explotación de la madera y las artesanías, que se limitaron al textil y a la madera.
La abundancia de agua, las grandes pendientes y los múltiples lagos glaciares favorecieron la producción de electricidad. Las primeras instalaciones hidroeléctricas crearon puestos de trabajo y contribuyeron a la mejora de las comunicaciones. Las grandes obras posteriores han inundado y despoblado amplios territorios, y el mantenimiento automatizado de las centrales requiere hoy poco personal. La industrialización se encuentra muy localizada en puntos donde confluyen la existencia de recursos naturales con buenas comunicaciones. La electricidad propició el surgimiento de industrias electroquímicas y electrometalúrgicas. Recursos como la madera y la lana generaron serrerías industriales y centros textiles de producción muy especializada. Pero es el turismo la actividad que se está convirtiendo en la principal fuente de ingresos para los habitantes del Pirineo.
Porrón, caserolas..., utensilios de la antigua cocina pirenaica
Comunicaciones
La particular orografía de este territorio impone una barrera entre el norte y el sur, así como la fragmentación en pequeños valles que ha aislado a las comunidades montañesas hasta tiempos recientes. Caminos, sin embargo, han existido siempre y han sido muy utilizados los antiguos senderos de herradura que atravesaban el Pirineo en todos los sentidos, trenzando una red de relaciones comerciales y humanas entre los habitantes de estas montañas; sin embargo, las comunicaciones de los valles con el exterior han sido más complejas.
La fiesta y los Mercados
A lo largo del año los ritmos y costumbres de la vida cotidiana de la población se alteraba con la celebración de fiestas religiosas y profanas, así como los mercados y ferias que hunden sus raíces en la Edad Media. Este espacio acoge diversos personajes de ambas vertientes de los Pirineos con sus trajes de fiesta: Navidad, los santos “capotudos” de mediados de enero, carnaval, Pascua, san Juan, las fiestas mayores durante el verano después de la cosecha…
En cuanto a las ferias y mercados pirenaicos, fueron reyes y nobles quienes concedieron a ciertos lugares el privilegio de celebrarlos. Los mercados se celebraban semanalmente y en ellos los montañeses cambiaban productos alimenticios o manufacturados por patatas y pieles. Las ferias eran anuales y hasta hace unos años solían estar centradas en el ganado. Se siguen celebrando en muchos lugares, reconvertidas y especializadas en maquinaria agrícola o productos gastronómicos autóctonos.
El románico
Una sala del Espacio está dedicada al arte románico, cuyo desarrollo, a partir del año 1.000, inauguró uno de los períodos culturales más brillantes de la cordillera. Las poblaciones pirenaicas mostraron un gran dinamismo cultural en la integración, desarrollo y expansión de este estilo favoreciendo la construcción de edificios. En el panel del Espacio encontraremos datos sobre los edificios más destacados de ambas fases del románico: las iglesias lombardas del primer período y los ejemplos del románico pleno.
Una sala del Espacio acoge el tema del pirineismo (estudios botánicos, termalismo, ocio, esquí, etc...)
Las guerras de religión
El Pirineo ha conocido numerosos conflictos, los más violentos fueron los motivados por la religión. En la Edad Media los pueblos pirenaicos se unieron frente al Islam, sembrando el territorio de una intrincada red de castillos y torres como los de Abizanda, Perarrúa, Fantova o Luzás. Entre las herejías medievales que desafiaron al Papado, el catarismo fue la más poderosa y en el impresionante enclave fortificado de Montsegur murieron los últimos cátaros.
En el siglo XVI Felipe II quiso hacer de el Pirineo una barrera frente a la expansión del protestantismo. Las guerras de religión francesas y la hostilidad de Enrique IV le llevaron a elevar una línea de fortalezas como las ciudadelas de Pamplona y Jaca y el castillo de Aínsa. Hasta bien entrado el siglo XX el Pirineo no iba a conocer la paz, pero la sangre continuó corriendo por otros motivos.
El pirineísmo
El descubrimiento, exploración y estudio de los Pirineos, se conocen desde hace algo más de un siglo con el nombre de “pirineísmo”, acuñado por el escritor francés Henri Beraldi.
En un panel del Espacio se detallan los principales hitos de la paulatina conquista de los Pirineos desde las últimas décadas del siglo XVIII. Los paneles del centro de la sala exploran algunos de los aspectos socioculturales más característicos del conocimiento de los Pirineos. La popularización del excursionismo pirenaico es consecuencia de las exploraciones de los pirineístas y el auge del excursionismo como práctica deportiva, cultural y de ocio está ligado a la nueva clase social burguesa y al desarrollo del ferrocarril. También el termalismo contribuyó a la moda de los Pirineos. Los restantes paneles analizan con mayor detalle las instituciones culturales y de ocio relacionadas con los Pirineos, así como las biografías de algunos de los principales pirineístas del pasado.
Algunos aspectos a destacar de la vegetación pirenaica
El medio natural
Abetales hayedos, geología y paisaje: La vegetación actual del Pirineo cuenta con una gran riqueza de especies, las masas forestales más densas se encuentran entre los 1.000 y 1.600 metros. En ellas dominan las hayas y abetos, que pueden presentarse combinados en algunos lugares; también en estas altitudes crecen avellanos, tilos, tejos, álamos y fresnos. Muy codiciado para la construcción de edificios y barcos, el abeto también sirvió a los habitantes del Pirineo para la elaboración de medicamentos. No fue este el único remedio natural utilizado por los montañeses, que supieron extraer de su entorno todo lo necesario para la supervivencia. La formación de los Pirineos tuvo lugar hace 60 millones de años, mediante un proceso de plegamiento que aglutinó diversos materiales minerales, la mayor parte de origen marino. Los glaciares modelaron numerosos paisajes y el agua es el principal responsable del relieve pirenaico actual. Las formaciones más espectaculares y características son las producidas sobre las rocas calizas por la erosión fluvial, es lo que se conoce como relieve kárstico, que genera un paisaje de profundos cañones y angostos desfiladeros, cuevas laberínticas y violentas surgencias, que hoy son uno de los principales atractivos para el turismo natural y el deporte de aventura.
Los glaciares : sobre los 2.800 metros, sólo hay piedra y hielo. Allí, en las cumbres del Pirineo central, en alturas que rondan los 3.000 metros, se encuentran los glaciares. El mapa del Espacio sitúa los vestigios de los últimos glaciares de la cordillera, cuya extensión va disminuyendo cada año. Recluidos en altísimos reductos, son sólo una sombra de lo que fueron. Hasta hace unos 10 ó 12.000 años, eran gigantescas masas de hielo, cuyas largas lenguas descendían a lo largo de decenas de kilómetros por ambas vertientes de la cordillera.
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