Pirineo, Pirineos


Viejas y Valiosas... Leyendas del Pirineo


Inicio Costumbres y Tradiciones






I. Introducción
II. Leyendas del Pirineo Navarro
III. Leyendas del Pirineo Aragonés
IV. Leyendas del Pirineo Andorrano
V. Leyendas del Pirineo Francés
VI. Leyendas del Pirineo Catalán

II. LEYENDAS DEL PIRINEO NAVARRO

1. La guerra de los valles navarros contra los moros

Cuenta la leyenda que el rey moro Abderramán tenía que pasar por Navarra de regreso a Francia y el rey don Sancho, al saberlo, envió mensajeros a los valles del Roncal, Salazar y Aezkoa con la orden de que se reunieran todos los hombres disponibles y salieran al encuentro de los moros para organizar la batalla. Los roncaleses y salacencos se dispusieron a cumplir las órdenes del monarca. Sonaron las campanas de los pueblos, dejaron los hombres sus ocupaciones y, cogiendo las armas de que podían, se fueron reuniendo para atacar a Abderramán.
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Nubes sobre Larra, en el valle del Roncal (foto: Jesús Erro)
Fueron, finalmente, los roncaleses y salacencos quienes se dirigieron al encuentro de la hueste mora. Iban llenos de furia decididos a vencer a los enemigos de la fe y en el puente de Ledea se hizo la batalla. Aunque los moros eran muchos más que los navarros, éstos los derrotaron y los salacencos mataron a Abderramán, cortándole la cabeza. Pensaban ir a presentar el trofeo al mismo rey Sancho, quien, sin duda, recompensaría el valor de los salacencos.
Los roncaleses envidiaban la suerte de sus vecinos, y durante el regreso al campo de batalla, se arreglaron para coger, una noche, la cabeza del rey moro y cortarle la lengua. Y, así, cuando se presentaron ante el rey y los salacencos enseñaron la cabeza, los roncaleses dijeron que habían sido ellos los que habían cortado al rey moro la cabeza, pues tenían como prueba la lengua. Comenzó la disputa y fue el propio rey quien apaciguó los ánimos dando a cada uno de los triunfadores un escudo de armas. Los de Salazar debían tener por escudo un lobo con un cordero en la boca y los roncaleses un zorro, indicando su astucia.

2. El bardo Gartxot de Izalzu

Hace muchos años, en Orreaga había un famoso trobador llamado Gartxot, cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles. A Gartxot le encantaba contar la batalla que había tenido lugar tres siglos antes sobre los puertos que dominaban su pueblo, pues el pueblo vasco había aplastado al gran ejército del emperador Carlomagno. Gartxot tenía un hijo llamado Mikelot que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su padre.
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Mausoleo de Sancho VII El Fuerte en Roncesvalles (Foto: Jesús Erro)
En aquella época, la región estaba gobernada por unos monjes franceses. Un día, el joven Mikelot estaba cantando cerca de Orreaga la gran victoria de los Vascos sobre los Francos. El abad francés que dirigía el monasterio se le acercó atraído por su voz, pero al escuchar aquel relato le invadió una ira espantosa. Dominado por la furia, el abad decidió que la lengua de los Navarros, el vasco, sería proscrita en sus dominios, y que aquel lugar llevaría desde aquel momento un nombre francés: "Roncevaux" (Roncesvalles). También se apoderó del pobre Mikelot y lo encerró en la abadía. Cuando Gartxot se enteró de la noticia acudió rápidamente, pero el abad no quería deshacerse del niño y propuso a su padre que dejara a Mikelot en la abadía, donde los monjes se ocuparían de su educación. En contrapartida, prometió regalarle una verdadera fortuna, pero con la condición de que nunca más podría Gartxot pisar el suelo de Orreaga. Después de muchas dudas, Gartxot aceptó y así fue cómo el poeta perdió a su hijo. Mientras tanto los monjes enseñaron al niño el latín y la lengua romana, y las estrofas que antaño alababan el valor de los Vascos se tiñeron de desprecio, y ponderaron el mérito y la grandeza del Emperador Carlomagno.

Gartxot, carcomido por los remordimientos y sufriendo por la ausencia de su hijo no pudo resistirlo más y juró que su hijo nunca más volvería a cantar las alabanzas del enemigo francés. Arriesgando la vida consiguió liberar a Mikelot, pero ambos fueron cercados por los soldados franceses y Gartxot renovó su juramento: después de su muerte, su hijo no sería un instrumento de la propaganda francesa. Y gritando de dolor, puso sus manos alrededor del cuello frágil de Mikelot y apretó hasta estrangular a su hijo ante los ojos incrédulos de los sargentos. Gartxot fue condenado a estar encerrado de por vida en una torre en el alto de Elkorreta. Sobrevivió allí durante meses y el invierno fue especialmente duro aquel año. Mientras tanto, el abad de Roncesvalles fue sustituido y al nuevo le pareció que el prisionero había pagado lo suficiente por su culpa. Una expedición alcanzó la cumbre de Elkorreta para liberarlo pero todo fue en vano, en el mismo momento en que entraban en la torre prisión, el poeta daba su último suspiro. Hoy todavía, cuando en los meses de octubre y de noviembre sopla el viento del norte, cuando las palomas deciden abandonar el país, se puede oír un gemido tétrico que se parece extrañamente al de un hombre. Los montañeros navarros dicen que es el alma de Gartxot, que llora y pide perdón a su hijo.

3. La Virgen de Muskilda

En lo alto de un cerro, en el que se asienta mirando al sol la recogida villa de Ochagavía, se levanta la pintoresca basílica de Nuestra Señora de Muskilda. El santuario es sobrio en su estructura y la imagen de la virgen levanta en su mano derecha una flor, mientras que apoya la izquierda sobre el hombro del Niño, sentado en su regazo en actitud de bendecir.
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Santuario de Muskilda
Cuenta la leyenda que un pastor perdió un toro, y tras mucho buscar, lo encontró junto a un roble. Tras acercarse, intrigado, pudo ver al pie del árbol una imagen de la Virgen María. Tras tomarla en sus brazos, tuvo que dejarla por tener que acudir a recoger las vacas que se desmandaban, prometiendo recogerla al día siguiente, pero al volver la vista, comprobó que la imagen había desaparecido.
De regreso a casa perdió de nuevo el toro, encontrándolo en el mismo sitio, haciendo reverencias ante la imagen. El pastor tomó en sus manos la imagen y cuando más entusiasmado estaba, pasó por ahí un hombre que le acusó de haberla robado, por lo que lo llevó a Ochagavía y lo encerró en una habitación, dejando a la Virgen en la iglesia del pueblo.
Al día siguiente, ni la imagen de la Virgen ni el pastor estaban donde los había dejado. El resultado de todo esto fue que la Virgen fue entronizada en el valle y el pastor quedó allí de ermitaño, dedicando todo su esfuerzo a construir un templo con piedras que él mismo acarreaba con su animal de carga. Se cuenta que llenaba de piedras las alforjas de la bestia y la dejaba irse sola hasta el roble, mientras él quedaba preparando la nueva carga.

4. El Dragón de Urbasa

Hace mucho tiempo vivía en la sima de Aralar un dragón al que llamaban en vascuence Iraunsugue. Cuando tenía hambre bajaba a los pueblos y causaba muchos muertos entre los vecinos. Los lugareños, asustados, decidieron enviar al dragón cada día una persona, la que saliera en suerte. Una vez le tocó a una joven y fue a colocarse junto a la entrada de la sima para aguardar al dragón. Pero la vio don Teodosio de Goñi, que, por haber asesinado a sus padres engañado por el diablo, hacía penitencia y vagaba por el monte calzado de hierro y arrastrando unas cadenas a la cintura. Su penitencia terminaría cuando las cadenas se rompieran.
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Caserío Vasco

Don Teodosio se acercó a la joven y cuando ella le contó el motivo por el que estaba a la entrada de la cueva, le dijo que volviera a su tierra, pues él ocuparía su lugar. Cuando Iraunsugue salió del interior del antro fue tragando la cadena que le alargaba Teodosio, y cuando llegaba al cuerpo del caballero, este gritó a San Miguel que le ayudara y el arcángel, llevando un crucifijo sobre su cabeza, posó sus pies sobre el dragón, le cortó el cuello y con él la cadena de Teodosio.
Así se cumplió su penitencia y de entonces data la construcción de la iglesia, en cuya capilla central hay unos trozos de la cadena de don Teodosio. En el lado derecho del altar de la misma capilla central hay un hueco en el muro. La gente cree que llega hasta la sima del dragón. Los romeros introducen allí la cabeza, rezan un credo y dan tres vueltas alrededor de la cadena del caballero, y dicen que curan de los dolores de cabeza. Es costumbre colocar piedritas en el hueco o junto a los muros del santuario.

5. El estudiante Pedro de Axular

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La sombra
El diablo Etsai fundó una escuela de Teología en una cueva de Sara, donde bastaba un año de estudios para adquirir los conocimientos necesarios para ser un doctor en Teología. El diablo retenía al último de los estudiantes que salían de la cueva, uno a uno, en fila, en el último día escolar. Un estudiante ingenioso encontró un medio de engañar al Diablo. Pidió ser el último de la fila, pero logró que se esperase, para salir a la hora del mediodía. Al pasar cada uno de los nuevos sacerdotes ante el demonio, que estaba junto a la puerta, decía: "Sujeta al que viene después de mí". Cuando llegó el último, repitió este con audacia la fórmula. El diablo se precipitó inmediatamente sobre la sombra del estudiante, que el Sol proyectaba sobre la pared de la gruta y que el se tomó como si fuera uno de sus discípulos. El joven sacerdote huyó, pero careció toda su vida de sombra. Aquel joven sacerdote era Pedro de Axular.


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