1. Salies en Bearn, el pueblo de los lagos salados
Desde tiempos inmemoriales la sal ha tenido un sentido mágico para el hombre. En el Pirineo dio nombre al importante paso a Francia de Salarons. Unida a la sal circulan algunas leyendas por el Pirineo Francés, una de ellas es la de Salies en Bearn.
Cuenta la leyenda que un mendigo harapiento y fatigado que vivía de la compasión de las gentes de los pueblos de la comarca llegó un día pidiendo limosna a Salies en Bearn, pero sus vecinos tenían el corazón endurecido, además de muy pocos recursos.
Lago helado
El pordiosero recorrió todo el pueblo y de todas las casas fue despedido sin que nadie le ayudara, y eso que con un mendrugo de pan y un rincón en la cuadra para dormir en la noche se conformaba. Solamente en la casa del Boucau fue acogido y tratado con un poco de cariño, pero antes fue motivo de burla, especialmente para tres mujeres costureras bien acomodadas, una madre y sus dos hijas.
A la mañana siguiente, cuando el mendigo iba a continuar su camino hacia Arancou, ahí estaban las tres haciéndole burla y metiéndose con él desde la puerta de su casa. El hombre, aunque de carácter dulce, maldiciendo el egoísmo de sus habitantes salió del pueblo condenándolo en nombre de Dios. A las costureras aún las advirtió: " Por si acaso, no volváis la cabeza porque vais a escuchar un ruido ensordecedor "
Ellas se mofaron de él y miraron descaradamente al pueblo. Un horrible rumor cada vez más violento se levantó del vientre de la tierra y ellas se convirtieron en estatuas de sal. Las aguas que brotaron del suelo se tragaron el pueblo, llegando justo hasta la última casa, la de Boucau, donde había pasado el mendigo la ultima noche, esa fue la única que respetaron.
Dicen los montañeses de la redolada que ese mendigo era el mismo Dios que había llegado el día de la fiesta del pueblo para ejecutar su justicia con los hombres. La casa de Boucau existe todavía y el pueblo fue reconstruido años mas tarde junto a los lagos salados. Cuentan también que hace un centenar de años se alzaba allí un menhir que remataba en dos puntas. La gente afirmaba que representaba a la madre y a las hijas costureras castigadas por Dios. Y hasta en la roca se veía grabada, la marca de las tijeras.
2. El caballo de Bezú
Cuenta esta leyenda que un templario de la fortaleza del Bezú partió hacia tierra santa junto a otros hermanos de la orden para combatir contra los sarracenos poco antes de que fuesen reconquistados por estos últimos los Santos lugares de Jerusalén. Este templario llevaba años unido a un hermoso caballo blanco, compañero infatigable de mil y una cabalgaduras a todo lo largo y ancho de la región, sentía por el animal un gran aprecio y se mostraba orgulloso de su casi inseparable compañero. Día tras día se acercaba la fecha de partida a un viaje lleno de peligros e incierto del cual pocas garantías había de regresar ilesos tanto jinetes como caballos.
Caballo
Pocos días antes de su partida decidió cambiar de caballo y adquirió otro corcel curtido ya en batalla. Muy a su pesar llegó la víspera de iniciar su incierto viaje y con los primeros rayos del sol el templario salió por última vez junto a su caballo en el que sería su último paseo junto a su antiguo amigo y compañero. Se alejó de la fortaleza tanto como pudo y a bastantes leguas del lugar se dio cita con otro templario que le aguardaba con su recién adquirido caballo negro.
Con enorme tristeza descendió de su blanco corcel y acariciándole las crines le dijo "Algún día volveré a por ti…" dicho esto procedió a quitarle la montura, estribos y riendas, dándole la libertad en un inmenso prado junto al lado de un bosque surcado por arroyos donde estimó que el alimento y el cobijo no iban a faltarle al animal. Finalmente el templario colocó su vieja montura y demás pertenencias sobre el caballo negro y emprendió el camino de vuelta hacia el Bezú, dejando a su suerte a su antiguo caballo y albergando en el fondo de su corazón la esperanza de volver algún día a ese mismo lugar y poder reencontrarse con su viejo compañero. Llegó el día señalado y un escuadrón de caballeros de blancos mantos y cruces rojas dejaron por siempre estas tierras para jamás volver…
Se cuenta en la zona hoy día, que son muchos los testigos que aseguran haber visto a un caballo blanco sin montura merodear por las inmediaciones del monte Bezú. Hay quien incluso dice haber podido acercarse a él y acariciarlo. Otros cuentan que en mitad de la noche han estado a punto de sufrir un accidente con su coche o vehículo al cruzarse en su camino como salido de la nada… Un caballo blanco que dicen los viejos del lugar sigue esperando a su jinete después de varios siglos.
3. El Lago de Lourdes
Este lago situado en los Hautes Pyrénées tuvo, durante mucho tiempo, una siniestra reputación. Se decía que, cuando un desgraciado se ahogaba, su alma quedaba prisionera en el fondo del lago. Una leyenda cuenta que una vez, en el lugar donde se halla el lago de Lourdes, se erigía una ciudad cuyos habitantes eran tan malvados y pervertidos que Dios decidió destruirla y tragarse a todos los habitantes, sin embargo, aceptó hacer una excepción con una familia que se había comportado de manera piadosa y caritativa todo el tiempo.
La fuerza del agua
La tarde que precedió la destrucción de la ciudad, un enviado de Dios se presentó al cabeza de familia y le dijo: " Esta ciudad va a ser destruida por el Señor. Coge tu mujer y tus hijos y huye lejos de aquí! Pero no olvides una cosa: sea lo que sea lo que oigáis, no debéis volveros a mirar lo que sucede”
La familia abandonó la ciudad. Pero apenas habían salido de sus límites oyeron unos espantosos ruidos tras ellos. El hombre se tapó la cabeza y les obligó a caminar más aprisa repitiéndoles que bajo ningún pretexto, se giraran hacía atrás. Entonces su mujer, con el más pequeño de sus hijos en brazos, presa de la curiosidad y queriendo saber con absoluta certeza que era lo que sucedía se giró, y de repente, se convirtió en estatua de piedra.
Desde entonces, algunas tardes de noviembre, cazadores y pescadores rezagados a orillas del lago, afirmaban oír el repique de las campanas sumergidas conmemorando el aniversario del castigo.
En la orilla de la carretera de Poueyferré existe un gran bloque de piedra (tal vez megalítico) llamado "la Peira Crabèra", inclinado en la direccion del lago, del que la leyenda asegura tratarse de la mujer que había sido petrificada cuando huía de la ciudad.
4. La Serpiente de Isaby
En la antigüedad, la serpiente más grande que jamás haya sido vista merodeaba las praderas de Isaby, sobre el pueblecito de Pierrefitte, en el valle del río de Pau. Incontables rebaños pastaban sobre estas laderas, guiados por los pastores del valle y sus grandes perros blancos.
Cuando el dragón despertaba, un soplo mágico atravesaba el valle arrastrando rebaños a las entrañas del monstruo
Cuando el dragón despertaba, abría su enorme garganta y un soplo mágico atravesando el valle arrastraba rebaños, perros y pastores dentro de las entrañas del monstruo. No obstante había en el pueblo de Arbouix un hombre dotado de mucho coraje y no menos habilidad quien decidió liberar a su país, y con tal propósito construyó una forja en el lugar más secreto del valle de Isaby. Puso sobre el fuego un pesado yunque de hierro; cuando estuvo al rojo, con la ayuda de leales compañeros, lo llevó como reclamo hasta la entrada donde vivía para el monstruo, y todos huyeron.
Cuando la serpiente vio el hierro incandescente, lo aspiró como hubiera aspirado una oveja, de una vez. El fuego llegó a sus entrañas y muerta de sed la bestia se puso a beber y beber hasta reventar.
Entonces, el agua que había tragado se extendió por el fondo del valle: de esta manera nació el lago de Isaby, de aguas azules y abundantes en pesca.
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