3.- Historia
El Valle de Chistau quizás haya sido el más escondido de los valles altoaragoneses. Aislado por carretera hasta los años 30, en que se abren
los túneles de La Inclusa, si bien ésta no llegó a Plan hasta años más tarde, sus únicos accesos hasta ese momento eran caminos de los llamados
de herradura, es decir, aquellos por los que únicamente se podía transitar en caballería o a pie, bien desde Badaín a través de Saravillo,
bien desde Salinas pasando por Sin o bien por el río cuando las aguas del Cinqueta eran suficientemente escasas para poder transitar por él.
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Valle de Chistau
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Las dificultades de comunicación del Valle de Chistau hicieron que las relaciones comerciales y laborales fueran más fluidas con los vecinos del sur de Francia que con los propios compatriotas.
Los puertos de la Madera, de Plan o de la Pez eran pasos comunes de personas y mercancías, mercancías que para las autoridades, en muchos
casos, tomaban el carácter de contrabando y que para los habitantes de la zona era un simple tramitear en el que se llevaban a Francia productos como el anís, más barato que en el país vecino, y se traían de allí otros como cueros, de mayor calidad que los de aquí y de fácil venta.
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Valle de Chistau
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Esta actividad traía de cabeza a los carabineros o a los guardias civiles, según los tiempos, debido a la complicidad de los chistabinos y a un buen conocimiento del terreno que no tenían las fuerzas del orden público. Debido a ello, el Valle de Chistau fue adquiriendo unas características y peculiaridades que lo han dotado de personalidad propia, entre las que destaca la conservación de su lengua, variante del dialecto aragonés, llamada chistabín.
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