Un gran número de fiestas y romerías, en las que se conservan aun hoy en día antiguas tradiciones, dan color al calendario de estos valles. Romerías en primavera, fiestas patronales en verano y otoño y únicamente los carnavales en invierno. Es preciso olvidar por unos días el trabajo, la lejanía de los familiares, los fríos amaneceres de invierno, los temores y el silencio.
El elemento festivo presenta diferentes acontecimientos dignos de mención, bien por su singularidad o como leyendas ampliamente arraigadas a lo largo de los siglos. Entre éstas gozan de gran tradición los Carnavales de Bielsa, que pueden considerarse como los que mejor han conservado a lo largo de los tiempos las formas y el atractivo de esta particular tradición. Tienen su origen en los antiquísimos ritos precristianos, quedando a caballo entre lo mágico y lo religioso. Para los habitantes de Bielsa ésta es una fiesta a celebrar por todo lo alto, y todos ellos se ofrecen en los días de carnaval a vestir sus singulares atuendos. Sus personajes simbolizan el espíritu pagano de sus orígenes: las Trangas simbolizan la virilidad; las Madamas, vestidas de blanco, la pureza y la fertilidad: los onsos u osos señalan la llegada de la primavera tras el final del letargo invernal; y los Domadores son los encargados de controlar a los onsos durante la ronda, demostrando el dominio del hombre sobre la naturaleza. La figura más representativa, encargada de representar el carnaval, es conocido como Cornelio Zorrilla, que será el testigo del desarrollo de los carnavales colgado de la ventana del ayuntamiento. Finalmente y como colofón a la celebración, este personaje es quemado después de celebrarse el oportuno juicio público.
Ermita San Urbez
Otro acontecimiento característico es la romería a la ermita de San Úrbez, enclavada en el Cañón de Añisclo. Esta tiene como fin abogar por la bondad de las lluvias y por su efecto benefactor, no destructivo. Cada 29 de junio vecinos de las poblaciones de Fiscal, Vió, Albella y Planillo acuden hasta la Cueva de la Sastral para rezar una serie de oraciones y ofrecer varias misas al santo con el fin de atraer las lluvias.
Junto a las brujas, seres maléficos por autonomasia, los montañeses de estas tierras encomendaban sus devociones a San Urbez. Su vida está también a caballo entre la leyenda y la realidad.
Urbez o Urbicio nació en Burdeos en el seno de una familia profundamente cristiana. Vino a España a liberar de manos de los moros las reliquias de los santos Justo y Pastor retirándose luego a las montañas del Pirineo llevando una vida anacoreta. Son varios los lugares altoaragoneses donde se le supone su presencia. Primero en el Cañon de Añisclo donde aún existe la cueva donde se cree vivió el santo y donde existe una pequeña ermita. Luego pasaría a Albella donde ejerció como pastos de ovejas. Se cree que también estuvo en la zona de la Guarguera para pasar más tarde al monasterio de San Martín de la Val D'Onsera donde fue ordenado sacerdote por el propio San Martín. Retirándose por último a la cueva de Arial en las cercanías de Nocito donde murió a la edad de cien años.
A su santuario de Nocito acudían y acuden los habitantes de estas tierras a mostrar su devoción al santo y especialmente en épocas de sequía ya que se le considera abogado de la luvia.
Actualmente la romeria a San Urbez se celebra el último domingo del mes de junio.
LEYENDAS
El entorno de Tella y de los diferentes pueblos situados en la cuenca del río Yaga y las proximidades de Escuaín, han sido desde tiempos remotos lugares con una gran tradición en las creencias populares asociadas a prácticas de brujería. De forma especial, la localidad de Tella parece ser que fue un punto de reunión de brujas o bruxas; allí, a los pies de la peña denominada “Puntón de las Brujas” se encuentra la ermita de San Juanipablo, iglesia muy antigua donde se cuenta que se juntaban las brujas para celebrar sus aquelarres.
chimenea con espantabrujas
Espantabrujas: este es uno de los elementos que más llama la atención al visitante de las tierras altoaragonesas. En lo alto de las chimeneas (chamineras), aparecen curiosos objetos que una veces son una simple piedra vertical, otras un puchero, otras una cruz o como en el caso del Serrablo, seres de apariencia terrorífica que nuestros antepasados creían que evitaban que entraran las brujas o bruxas a través del cañón de la chimenea. Además, para reforzar esto, en el fogaril se colocaban las tenazas abiertas en forma de cruz o se colocaban otros amuletos mágicos para luchar contra estos seres malignos.
En el centro de interpretación y oficina de información de Tella se expone una pequeña muestra de este fenómeno, que incluye un ejemplar del libro de San Ciprián, en el que se recogen gran número de pócimas, recetas y remedios contra enfermedades, compuestas por extraños ingredientes. Entre las leyendas que todavía hoy perduran en esta zona, cabe destacar la de San Silbán, un hombre gigante que tras robar corderos y mujeres en los pueblos cercanos se recluía en la denominada Cueva de Silbán. Desde este refugio Silbán realizaba sus pillerías para huir posteriormente, y sus perseguidores nunca pudieron cogerle, pues la cueva se situaba en el centro de un gran cortado al cual se accedía por unas escaleras que sólo él, por su tamaño, podía trepar.
GASTRONOMÍA
La gastronomía es una de las mejores formas de acercarse a la realidad de un pueblo. Su economía, clima o carácter pueden rastrearse a través de pucheros, viandas y caldos. Si algo caracteriza la cocina de esta zona es la austeridad, sencillez y armonía con el medio natural que en su desarrollo impera, contando entre sus recetas con los recursos producidos por sus propios habitantes.
Las comidas de cada día son platos elaborados de una forma sencilla, entre los que destacan como ingredientes el pan, las legumbres y la sangre de cerdo. Algunos platos típicos son la tortilla con miga de pan, el cocido de tortetas con arroz, la ensalada de trufas, las sopas de pan y de pastor, las farinetas, las migas (pan, chorizo, jamón etc...) y las judías blancas.
Las festividades y días especiales de celebración son el origen de una serie de platos más elaborados, como los guisos y asados de carnes, entre los que sobresalen por su calidad todos los realizados con el cordero, tales como el cordero estofado o el guiso de carne a la pastora.
Sin duda alguna es el cerdo, como elemento tradicional de crianza, el producto que sobresale por la variedad de platos que de él se cocinan. Matacías y mondongos familiares en los que se elaboran longanizas, morcillas, tortetas (sangre, harina, cebollas, etc.), conservas, lomo embuchado y las más típicas chiretas (arroz con carne y vísceras) son las principales especialidades.
Las especies de caza y recolección también tienen sus platos típicos. Destacan el guiso de jabalí con trufas, la longaniza de jabalí, las truchas al horno o con jamón y las diferentes especies de setas tales como las muchardinas, los muchardons, los codiciados seps, o los abundantes y deliciosos robellones.
Entre los postres son dignos de mención los crespillos de borraja, calabaza y sesos (similares a rebozados dulces) y los deliciosos pastillos de nuez y calabaza (parecidos a empanadas dulces).