3.- Distintas formas de aproximarse a este oficio tradicional
Museo de la Almadia
En las localidades de Burgui, Aínsa, El Pont del Claverol y Coll de Nargó, los interesados en esta tradición pueden completar sus conocimientos visitando museos y recorriendo itinerarios al aire libre en los que se muestra el proceso de construcción de estas balsas tan particulares. En Burgui, se puede contemplar el Museo de la Almadía, ubicado en el Ayuntamiento de la población pirenaica. En el edificio, se han habilitado dos plantas como exposición permanente de la almadía donde el visitante puede descubrir fotografías, publicaciones, documentos, útiles y herramientas para su construcción, reportajes audiovisuales, modelos a escala y algunos de los trajes utilizados en la época.
A través de los objetos, que han sido cedidos por personas particulares, se descubre como se construían las almadías, desde el momento en que se talaban los árboles en el monte hasta que se ataban los maderos y se echaban al río. Posteriormente, se narra de forma didáctica y amena la vida del almadiero, sus utensilios y las vestimentas propias del momento. La sala de exposiciones puede visitarse todos los días
durante los meses de julio y agosto, a excepción del lunes, en horario de 11:30 a 13:30 y de 18:00 a 20:00 horas. Para conocer el museo durante el resto del año, hay que solicitar cita previa en el teléfono 948 47 71 53.
De forma similar, en Aínsa funciona el Museo de la Navata, situado en la parte alta del Ayuntamiento. Allí, se exponen diferentes herramientas empleadas por los leñadores y por los navateros para la construcción de estas balsas, además de trajes, carteles y objetos etnográficos. Asimismo, en sus salas se pueden observar varias maquetas de navatas procedentes de diferentes países, que han llegado hasta aquí gracias a la Asociación Internacional de Navateros y Almadieros, creada en Barcelona en 1989 y cuyos estatutos fueron aprobados en Laspuña y suscritos en Venecia ese mismo año.
En El Pont del Claverol ha abierto sus puertas el Museo de los Raiers, un centro dedicado al estudio y la difusión de los antiguos sistemas de transporte fluvial de la madera, mediante la recuperación del patrimonio relacionado con este oficio tradicional. La instalación se articula en dos secciones: una, la más especializada, alberga el archivo documental y fotográfico, la biblioteca, la videoteca y la hemeroteca; la segunda, de carácter divulgativo, consiste en una exposición permanente de objetos y herramientas relacionadas con los raiers. A través de esta muestra, se recoge el proceso de transformación que sufría la madera desde que se talaban los árboles en el monte hasta que las almadías llegaban a Tortosa, sin olvidar cómo se desarrollaba este oficio en otras partes del mundo. También en el municipio de Coll de Nargó se puede visitar el Museu dels Raiers, otro ámbito donde, de forma lúdica y amena, los visitantes se reencuentran con el viejo oficio de almadiero.
Laspuña
Abandonamos tierras leridanas para regresar al Alto Aragón. Allí, en la localidad de Laspuña se ha articulado lo que se conoce como el Ecomuseo Luis Pallaruelo, un sendero que desciende desde este municipio hasta el cauce del río Cinca y en el que, a
través de paneles explicativos, se puede conocer cómo era el proceso de construcción de las navatas e, incluso, contemplar una a tamaño real que está expuesta durante todo el año junto al río. Una experiencia similar se ha puesto en marcha en Burgui, en el Valle de Roncal, donde se ha habilitado un recorrido de 6 kilómetros de longitud, que acerca al visitante el antiguo oficio de bajar la madera a través del río Esca. El recorrido, bautizado como "Nieves y bosques, agua y madera, el Esca y la Almadía", comienza por el último eslabón de la cadena: la almadía, para retroceder después en busca de la madera, materia prima que pone en marcha todo el proceso. El punto final del trayecto es el abetal de Basari pero hasta completar el itinerario mayores y pequeños conocen de cerca la relación del hombre con la naturaleza y los beneficios que ésta reporta a ambas partes. Los visitantes, gracias al material didáctico que se les proporciona y a la ayuda de los mojones numerados que jalonan el camino, completan el recorrido en aproximadamente dos horas.