Pirineo, Pirineos


Las almadías, las navatas y los rais toman de nuevo los ríos


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1.- Índice
2.- Introducción
3.- Distintas formas de aproximarse a este oficio tradicional
4.- Del tráfico intenso a la decadencia total
5.- El fruto de un trabajo artesanal
6.- Valle de Roncal, un entorno con muchas posibilidades
7.- Sobrarbe, arte y naturaleza en estado puro
8.- Cultura y paisaje caminan de la mano en el Pirineo de Lérida
9.- Direcciónes de interés
10.- Alojamientos
Descenso de Navatas por el río Cinca
Galeria de imágenes



4.- Del tráfico intenso a la decadencia total


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los troncos preparados
El descenso de los recursos madereros a través de los ríos es una práctica que se remonta al comienzo de la historia. Buena muestra de ello es que en la construcción de almadías, navatas y rais sólo se utilizaban los materiales que brindaba el entorno: troncos y brotes tiernos de sarga o de avellano, retorcidos y entrelazados para atar un madero con otro. Además, la experiencia ha demostrado que este oficio no evolucionó con el paso del tiempo porque antes de desaparecer los maderos se preparaban y se ataban de la misma forma como siempre se había hecho.

Los primeros en utilizar estas balsas fueron los aragoneses de los valles de Ansó y Hecho, aunque a mediados del S. XVIII se incorporaron los navarros de Salazar, Roncal y Aézkoa. Por su parte, la tradición navatera de Laspuña se remonta al S.XVI, época de la que hay testimonios que manifiestan la importancia almadiera del río Cinca. Los almadieros tuvieron que pagar derechos de paso hasta el siglo pasado, lo que generó numerosos conflictos por los abusos que se cometían contra ellos. Además de estos problemas de índole económica, los almadieros navarros, aragoneses y catalanes arriesgaron su vida en numerosas ocasiones para conducir las balsas por los ríos sin que éstas naufragaran. Dependiendo de los tramos, de la corriente y de las condiciones climatológicas, la dificultad de la conducción se incrementaba considerablemente. Los accidentes, de diferente gravedad, eran frecuentes y muchos hombres perdieron la vida en las aguas que tantas veces habían surcado.

La duración de los trayectos era variable. Así, los viajes hasta Tortosa podían durar de 5 a 25 días, mientras que los recorridos de las almadías navarras iban del día que costaba llegar a Sangüesa a los siete días que se invertían hasta desembarcar en la capital aragonesa. La vuelta de los navateros desde el punto de venta hasta su población de origen se realizaba frecuentemente a pie.


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Día de la almadía en el río Esca
Los almadieros navarros utilizaban tres rutas para transportar la madera: la primera era la del río Aragón, que iba desde Hecho y se unía a la de Aragüés para pasar por Embún y Sigüés, hasta llegar a Sangüesa. El segundo trazado, que transcurría por el río Esca, recorría el Valle de Roncal, pasando por Salvatierra y Sigüés, hasta desembocar en el río Aragón. La tercera de las rutas era la que surcaba el río Salazar, que recorría el valle del mismo nombre, hasta llegar a Navascués y Lumbier, donde se unía al río Iratí para continuar hasta Sangüesa. En este punto, se localizaba el Matral, un tramo de aguas tranquilas donde las almadías se unían de dos en dos para proseguir el camino hacia La Ribera de Navarra, Zaragoza o Tortosa.

En el S.XVI, el tráfico fluvial de madera se encontraba en pleno auge; de hecho, durante los tres primeros meses de 1574 se llegaron a contabilizar hasta 296 almadías. Pero es en el S.XVIII cuando este modo de transporte vive sus momentos más dulces. El tráfico experimenta un crecimiento espectacular, alentado por el desarrollo de la economía nacional.

Los bosques del Pirineo se ven favorecidos por la construcción del Canal Imperial, del Canal de Tauste y de los Reales Astilleros de Cartagena donde los pinabetes del Bosque del Irati eran muy apreciados para la construcción de los mástiles de los barcos.

Como ejemplo de este auge, basta señalar que los 6.000 maderos que se movieron en 1766 se convirtieron en 25.000 en el año 1844. Durante la primera Guerra Mundial, se llegaron a contabilizar 1.800 almadías por el Canal Imperial, entre roncalesas y salacencas, con 30.000 metros cúbicos de madera. Poco después, comenzó la decadencia de esta actividad mercantil, hasta que en 1926 se iniciaron las obras de construcción del embalse de Yesa, una actuación de regulación hidráulica en el prepirineo zaragozano que, a largo plazo, supuso el fin del quehacer almadiero. La presa sobre el río Aragón se convirtió en una barrera infranqueable.

Por su parte, la actividad de los raiers catalanes dio sus últimos coletazos en los años 30, aunque en 1979 gracias a la labor desarrollada por asociaciones culturales, como la de la Noguera Pallaresa, los rais volvieron a surcar, aunque sólo sea de forma testimonial, las aguas de los ríos leridanos. Tras la guerra civil española, se produjo un pequeño resurgimiento de esta actividad en el Sobrarbe. De hecho, muchos de los navateros que viven en Puyarruego y Laspuña tienen ahora más de 60 años y aprendieron su oficio después de la contienda. El último viaje de una navata desde Laspuña hasta Tortosa está fechado en el año 1949 gracias a una factura de venta aportada por Mariano Pallaruelo.


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Día de la Almadia
Dos décadas después de consumarse su desaparición, las almadías volvieron a descender por las aguas del Esca. Fue en 1971 con motivo de la filmación de la película "Navarra, las 4 estaciones", de los hermanos Caro Baroja. En 1974, 200 antiguos almadieros fueron homenajeados en Sangüesa, lugar de paso obligado para todas las embarcaciones procedentes de Salazar, Roncal y los valles aragoneses, en su camino hacia el Ebro. Cuatro años después, se iniciaron en la localidad navarra de Urzainqui las demostraciones de descensos de almadías y en 1992, se constituyó la Asociación Cultural de Almadieros de Navarra. Fue, a partir de
esta fecha, cuando se instituyó el "Día de la Almadía".

Poco antes, en el año 1983, se rememoró en el Cinca el viejo oficio de navatero, un homenaje que se repite cada año con el descenso de dos o tres navatas construidas de forma tradicional días antes de la bajada.

El escritor Félix Urabayen ha rescatado una de las jotas que los almadieros navarros cantaban en su descenso por el río Aragón: "Para vinos, Navarra; para praderas, Baztán; para olivares, Tudela; para almadieros, Roncal". Otro cántico referido al oficio de almadiero relata la rivalidad existente en el valle navarro de Roncal entre pastores y almadieros. Cuenta la tradición que, al paso de las balsas por el Esca, las mujeres de los pastores cantaban: "Almadiero, dindilindero, mucha bolsa y poco dinero".

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