Toda información sobre avistamiento de osos o de sus señales es útil para el mejor conocimiento de la especie, ayuda a su conservación y evita interferencias con las actividades humanas. Así pues, si en tu excursión encuentras huellas o cualquier otro indicio de osos, por favor, comunícalo a la Guardería Forestal o a la Guardia Civil; también puedes dirigirte a las diversas fundaciones para la conservación del oso.
En ocasiones el jabalí forma parte de la dieta del oso, lo que se puede apreciar en sus excrementos
Los principales indicios de la presencia de oso serían los siguientes:
Huellas: Se trata de huellas de un tamaño llamativamente grande, con cinco dedos provistos de uñas. En muchas ocasiones no se marcan las uñas, viéndose solamente la impronta de la planta y los dedos. La huella de las patas traseras, diferente de la de las delanteras, es alargada y más estrecha. El ancho de la huella de la mano varía entre 100 y 140 mm (según sexo y edad). El tamaño y forma del pie son comparables a los del pie humano. Su longitud oscila entre 98 y 165 mm.
Excrementos. Suelen ser de tamaño grande y forma variable, según la época del año y el tipo de alimentación. Pueden distinguirse restos no digeridos de alimentos: frutos, hierbas, élitros de insectos y pelos.
Arañazos en troncos de árboles. Se ven tres o cuatro marcas lineales paralelas, situadas entre 1 y 1,8 metros de altura sobre el suelo.
Piedras levantadas, excavaciones.
Hormigueros excavados.
Las huellas del oso
En otros mucho animales las huellas son difíciles de identificar. No es el caso de los osos, que son plantígrados y dejan huellas grandes (las traseras, como las de una persona), conspicuas e inconfundibles, marcando claramente los cinco dedos y las uñas. El pie señala el talón, y su huella es más larga y estrecha que la de la mano. Las uñas del oso pardo son más largas y anchas que las de otros osos, y las posteriores son claramente más cortas que las anteriores. Pueden asir objetos con las manos, a pesar de no oponer los dedos, y sus uñas constituyen excelentes anclajes para trepar y herramientas eficaces a la hora de excavar.
Huellas sobre la nieve de oso pardo
Las huellas de una hembra adulta de tamaño medio miden de anchura (entre el centro de los dedos extremos) entre 95 y 105 mm en la mano y en torno a medio centímetro menos en el pie. La longitud del pie es de unos 165 mm (desde el centro del dedo medio al talón, sin incluir las uñas). Las de las manos de los machos adultos de mayor tamaño pueden superar los 140 mm de ancho. Las huellas recuerdan a las del tejón, pero incluso las de los oseznos recién salidos de las oseras en abril o mayo (de 60 a 65 mm. en la mano) son mayores que las del mustélido (45 mm. de ancho).
Los osos pueden erguirse sobre sus patas traseras, pero su posición natural es mantenerse a cuatro patas. El oso no es un corredor de fondo, aunque en distancias cortas puede alcanzar los 60 Km. por hora. Se mueve con seguridad en roquedos y cortados, y trepa con una aceptable agilidad. Debe tenerse en cuenta que los osos son muy silenciosos, excepto en caso de ataque o huida apresurada.
El oso y los árboles
El oso pardo es un animal esencialmente forestal y el bosque constituye su medio natural más frecuentado. Por ello, no es de extrañar que el naturalista pueda leer en los árboles los indicios de las distintas actividades del oso pardo. La mayoría de estas señales que quedan en los árboles las hacen al alimentarse o al marcarlos para que otros osos encuentren su rastro por el olfato. Veamos cuáles son las principales marcas dejadas por los osos en los árboles del Pirineo.
Árboles descortezados: Las principales especies afectadas son el abeto, el haya y los pinos. Los daños suelen darse esencialmente en primavera, cuando hay pocos recursos disponibles y en árboles secos en pie o que empiezan a secarse. El oso busca en ellos larvas de insectos xilófagos (que barrenan la madera y se alimentan de ella), para ello descortezan lateralmente el tronco con las uñas ya que es más fácil arrancar placas enteras de corteza en este sentido, dejando marcas características al clavar las uñas y arañazos laterales al tirar de la corteza. Esta actividad puede tener más o menos importancia según el estado sanitario de los árboles.
el oso no duda en subir a los árboles para conseguir miel de abeja
Árboles con ramas rotas: Las especies afectadas son el avellano, cerezo, mostajo, serbal, manzano, higuera en el verano y otoño, y lo hacen para alcanzar los frutos antes de que caigan al suelo y sean consumidos por otros animales. En árboles pequeños como el avellano, el oso se pone de pie y dobla las ramas principales hasta alcanzar el fruto, rompiendo a menudo alguna de tanto curvarla; el oso trepa a los cerezos y rompe las ramas terminales más finas para acercárselas y coger los frutos sin caerse; es capaz de subir a varios metros de altura hasta alcanzar la copa de los árboles. Las señales serían las ramas rotas y las marcas de las uñas en el tronco.
Árboles arañados: Las especies afectadas son los abetos, pinos, hayas y robles durante la primavera y el verano; sobretodo en sendas muy frecuentada por los osos tales como crestas, límites naturales o collados. El motivo de estos arañazos es el marcaje territorial o de reconocimiento entre individuos (sobre todo los machos). El oso se frota contra el árbol para dejar impregnado su olor y al frotarse, araña o muerde la corteza provocando pequeñas heridas en el árbol o ensanchando heridas existentes. La mayoría de las veces se pone de pie y se frota la espalda, la nuca, el pecho o bien los lomos en posición normal. En ocasiones también se sienta para frotarse la espalda. Estas marcas se encuentran en el tronco desde el suelo hasta unos dos metros de altura. Las señales son cortezas arañadas y tres o cuatro marcas más o menos paralelas, en general a más de 1'20 metros del suelo. En las coníferas se ven pelos pegados a la resina, que además permanecen mucho tiempo después tras el paso del animal.
Árboles y tocones destrozados: Estos daños se dan en cualquier especie: abeto, pino, haya o roble sobretodo en la primavera o a principios del verano en árboles caídos o tocones de árboles cortados años atrás. El oso busca larvas de insectos de la madera en los troncos en descomposición, mientras que en los tocones de pino busca esencialmente hormigas y sus puestas, deshaciendo así totalmente el tocón, escarbando y proyectando fragmentos a varios metros; en los árboles caídos, abre el tronco lateralmente tirando con ambas patas después de clavar las garras en la madera descompuesta. Al hacer estos esfuerzos, desgaja el tronco en grandes fragmentos que pueden aparecer a varios metros de distancia. Deja así las marcas de sus uñas en el tronco y restos de su actividad esparcidos alrededor.
Descortezamiento de troncos en busca de líber: El fenómeno es observado en coníferas del Pirineo central (abeto, picea, pinos) y en otros árboles (castaño, sauces); desde finales de mayo hasta agosto y no ocurre todos los años. El oso arranca tiras de corteza y raspa con los dientes el líber (tejidos que median entre la corteza y la madera) que queda adherido a la corteza. El líber es un alimento rico en azúcares solubles que el oso explota en épocas o años de pocos frutos disponibles. El oso clava sus garras en la corteza o la muerde para herirla, luego con un movimiento lateral (más fácil en formas cilíndricas como las de los troncos) tira de la corteza hacia el exterior hasta que consigue desprender una banda; dejando marcas de las uñas o de los dientes en el tronco del árbol, así como marcas de los dientes en los trozos de corteza desparramados alrededor del árbol.
Señales de trepar a grandes árboles: Además de subirse a los cerezos, el oso trepa a los robles y a los abetos. Trepa a los robles en octubre y noviembre, cuando las bellotas están disponibles y suele hacerlo en zonas donde la bellota no es abundante. El animal trepa a lo largo del tronco, valiéndose de las garras de las cuatro patas. Cuando llega a una rama, trepa por ella e intenta alcanzar las bellotas. También dobla o sacude las ramas más finas para tirar las bellotas al suelo y allí comérselas. En el tronco se aprecian alternativamente las marcas de las uñas de las patas izquierdas y derechas. A veces se aprecian nítidamente las marcas de las cinco garras clavadas y a una altura de hasta doce metros. También se pueden ver las marcas de resbalones, cuando el oso clava las uñas y araña el tronco al bajar.