La cría y su madre evitan las miradas de los curiosos
El Parque Faunístico de los Pirineos, ubicado en Piedrafita de Jaca, ha vivido un momento histórico con el alumbramiento del primer lince boreal que nace en el recinto. La noticia ha sido recibida con gran alegría porque ésta era, hasta la fecha, la única especie que todavía no se había reproducido en el bioparque del Valle de Tena.
Los responsables del Parque sospechaban que una de las hembras de lince boreal estaba preñada, pero no han podido comprobarlo hasta que el animal ha parido. La cría, que pasa la mayor parte del tiempo agazapada con su madre, no es apenas perceptible al ojo humano ya
que su progenitora ha buscado un lugar poco soleado y de difícil acceso para que nada perturbe la tranquilidad del pequeño en sus primeros día de vida.
Los linces que pueden contemplarse en Lacuniacha son linces boreales, una especie diferente al lince ibérico que habita en España, principalmente en el Parque de Doñana, donde recientemente han nacido tres pequeños ejemplares que son la principal esperanza de una especie en peligro de extinción.
El lince tiene un andar sigiloso y elegante, que llama poderosamente la atención. Asimismo, su piel, sus ojos y las orejas con la llamativa prolongación de pelos en las mismas hacen de él un animal emblemático. Son, además, excelentes trepadores, de ahí que en el recinto se hayan instalado arandelas metálicas en los árboles para impedir que los linces salten al exterior. En otro tiempo, habitaba desde el Norte de Europa hasta el Mediterráneo, pero en la actualidad es una
especie extinguida excepto en Escandinavia, los Cárpatos, la Península Balcánica y el este de Europa. Habitualmente, establece su hábitat en entornos montañosos, alejados de la civilización.
Para la reproducción, se aparea al principio de la primavera. La gestación dura de 60 a 76 días. Tiene una sola camada anual, normalmente de dos o tres cachorros, que nacen entre los meses de marzo y abril. Las crías, que permanecen con la madre durante el primer invierno, se amamantan durante cinco meses. Como buen animal nocturno, su actividad comienza al
atardecer. Durante el día, permanece agazapado en su madriguera, construida en matorrales densos, agujeros de árboles o bajo salientes rocosos. Es un animal carnívoro, que se alimenta de liebres, conejos, pájaros, venados jóvenes y animales domésticos, aunque en ocasiones también come carroña. En Suecia, durante el invierno, cazan renos y gamos. El lince acecha sigiloso a su presa y cuando la tiene cerca se abalanza sobre ella, sujetándola por la garganta cuando se trata de un ejemplar grande. Suele guardar los restos de las presas en la nieve o entre el ramaje, yendo una y otra vez al escondite hasta acabarlo todo. Son ejemplares solitarios, que no viven en manadas. El macho puede dominar un territorio de hasta trescientos kilómetros cuadrados. Marca las sendas habituales en sus cazaderos con orina y excrementos. Los territorios de caza de distintos linces se entrecruzan, y como recorren tramos determinados en días concretos, van
dejando en sitios estratégicos señales aromáticas que, junto con arañazos en los árboles, indican a otros linces quién ha estado allí y cuándo, para no coincidir. De ahí que los enfrentamientos entre ellos sean poco frecuentes.
El dicho popular “tiene vista de lince”, hace referencia a su penetrante capacidad visual, pero su
oído es aún mejor ya que es capaz de percibir el ruido que hace una liebre al roer una rama a cincuenta o sesenta kilómetros de distancia. Suele vivir de doce a catorce años, aunque potencialmente podría llegar a los 26 en cautividad.