7. LAS CABAÑERAS
¿QUÉ SON LAS CABAÑERAS?
Las vías pecuarias, también llamadas cañadas, cabañeras, veredas, carreradas... constituyen los caminos tradicionales de paso para los ganaderos trashumantes. Hoy, a finales del siglo XX, son ya pocos los rebaños que todavía levantan el polvo del camino a su paso, pocos pastores quedan recorriendo dos veces al año estos duros y viejos caminos que unen los frescos puertos de montaña con la tierra llana de la depresión media del Ebro. La actividad trashumante ha caído en desuso. Pero, sin embargo, todavía haberlos los hay, aunque ya de forma casi testimonial en los valles de Zaraitzu (Salazar), Erronkari (Roncal), Ésera, Fanlo, Ansó, Pallars...
Las vías pecuarias suman en el conjunto del estado español 125.000 kilómetros, es decir, el 1% del territorio, constituyendo por tanto el mayor espacio protegido de la Península. Sin embargo, este bien público imprescriptible, inembargable e inalienable, sufre una progresiva invasión y usurpación ilegal por parte de embalses, carreteras, edificios, vertederos y ocupaciones de fincas, cultivos colindantes y demás “usurpadores” de terreno público. En la actualidad están sobradamente deshechas y absolutamente abandonadas a la indiferencia de las autoridades rurales. Desde el Pirineo al llano, las tenemos interrumpidas, cortadas y desviadas, en detrimento de los intereses de los ganaderos.
El turismo ecuestre o senderista se presenta como una actividad alternativa de uso que puede ser compatibilizada, en el marco de estos caminos cada día menos frecuentados, y que fueron creados para permitir que el ganado aprovechara los pastos de las montañas y las tierras bajas de manera estacional y alterna. Hoy en día, éstas constituyen a su vez un patrimonio cultural de máximo interés, con variedades cultivadas y razas ganaderas autóctonas de gran importancia genética, adaptadas a las necesidades y condiciones ambientales de nuestra geografía.
IMPORTANCIA DE LAS CABAÑERAS
Las rutas cabañeras, a parte de su función ganadera, constituían unas vías de comunicación de gran importancia tanto en la relación del norte y sur de las regiones, como en la comunicación de ambas vertientes del Pirineo. Estas rutas están ubicadas en un entorno con una gran diversidad de hábitats, bosques, ríos, torrentes, roquedos, acantilados, prados alpinos… Además, existe una riqueza faunística difícil de encontrar en otras zonas del territorio español, como el rebeco, llamado sarrio en Navarra y Aragón; los corzos, ciervos, jabalíes...; incluso todavía puede detectarse la presencia del oso. Además de estas especies se pueden encontrar zorros, liebres, conejos de monte, ardillas, urogallos, águilas reales, buitres leonados, entre otros.
También, del mantenimiento del pastoreo sostenible depende en gran medida la supervivencia de depredadores y carroñeros en grave peligro de extinción, así como la preservación de los pastizales que precisan muchos herbívoros salvajes, piezas importantes en la alimentación de aves y mamíferos gravemente amenazados. Se calcula que en estos pastos aprovechados por el ganado, la diversidad de plantas es de las más altas que se conocen, con más de cuarenta especies por metro cuadrado. Las rastrojeras son el hábitat de importantes aves esteparias y en los suelos pobres de clima seco del valle del Ebro, el pastoreo del ganado es fundamental para activar la fertilización del terreno, transformando la materia orgánica que favorece la infiltración del agua en profundidad y evita la erosión.
MARCO LEGAL DE LAS CABAÑERAS
La red de vías pecuarias que surcan la Península Ibérica constituyen un patrimonio cultural de primer orden. El arraigo histórico en los pueblos mediterráneos de una modalidad de pastoreo trashumante, basada en el aprovechamiento estacional de pastizales complementarios, llevó a un temprano trazado y a una sucesiva reglamentación de los caminos pastoriles.
La ley de vías pecuarias, aprobada el 23 de marzo de 1995, parte de una filosofía distinta a las precedentes habidas. La anterior ley (de 1974), y su reglamento (del año 78), no valían para los tiempos que estamos viviendo. La actual legislación, más moderna y ambiciosa en su texto, se hace fiel eco de la defensa de los patrimonios públicos, entendiendo que la red pecuaria presta un servicio a la ganadería extensiva, pero que también sirve para la conservación de las razas autóctonas de ganado, e incluso se refleja su presencia como “corredores ecológicos” esenciales para la migración, distribución geográfica e intercambio genético de las especies silvestres.
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