Pirineo, Pirineos


Pastor trashumante, un oficio en peligro de extinción


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1.- Índice
2.- Introducción
3.- El pastor
4.- Las ovejas
5.- Cultura y costumbres pastoriles
6.- La trashumancia, de la montaña a la tierra baja
7.- Las cabañeras
8.- Construcciones pastoriles
9.- Medidas de conservación
10.- Ferias y encuentros de ganado
11.-Galeria fotográfica


8. CONSTRUCCIONES PASTORILES

¿CÓMO ES UNA CASETAS DE PASTOR?


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Cabaña de pastor
Diseminadas por las cabañeras se encuentran las casetas de los pastores. Eran dos las principales funciones de estas casetas: servir de refugio ante las inclemencias del tiempo o en los momentos de descanso, y como almacén para guardar aperos y utensilios. También eran utilizadas por los pastores para controlar el ganado mientras permanecía en una finca. En algún caso podía resguardar asimismo a las caballerías, al ganado menor o acoger a los pastores por la noche si el mal tiempo desaconsejaba volver hasta la población.

Las casetas suelen ser de pequeño tamaño y presentan características muy variadas. La ubicación puede ser tanto dispersas por el monte o en las zonas de pastos de verano como cerca de las poblaciones. Su orientación no suele ser fija aunque pueden abrirse hacia el sur y, en los valles Pirenaicos, rehuyen intencionadamente esta misma orientación para resguardarse de las tormentas de verano que suelen venir desde esa dirección.

El material con el que se construyen suele ser piedra en aparejo de mampostería asentada con mortero o en piedra seca. En ocasiones, las piedras pueden estar trabajadas, sobre todo en las aristas y en las jambas de las puertas. Otras veces pueden ser de adobe y las construcciones más modernas se realizan en hormigón. Todas las casetas poseen una única estancia aunque las nuevas construcciones se dividen en dos cuartos: uno para los pastores y otro como refugio para animales que necesitan de cuidados especiales. Su interior puede dividirse en tres zonas diferenciadas: el camastro, el hogar y una zona de almacenaje. A modo de camastro, los pastores solían arreglarse un rústico lecho con ramas de las plantas más mullidas y abundantes en su entorno. Lo más corriente era el boj auque también se usaba el rododendro, las hojas de pino, la hoja de maíz, la genista, los helechos... Otras veces cumplía ese papel una piel sobre el suelo o se unían en un armazón ramas, paja y pellejos. En la actualidad estos camastros se han sustituido por un jergón o por colchones de fabricación industrial.
Las casetas poseían también, en la mayoría de los casos, un fuego u hogar aunque carecían de chimenea por lo que el humo había de escapar por las rendijas de los muros o por un pequeño agujero habilitado en el techo. En estos casos era frecuente colocar una losa empotrada en el ángulo del muro bajo el que se hacía el fuego, en forma de diedro para impedir que las llamas alcanzaran la techumbre. Algunas casetas sí que contaban con una sencilla chimenea, tal y como ocurre entre las construidas recientemente. En el interior de estas casetas, una grieta o un hueco dejado para ese fin servía a modo de aparador para guardar los más diversos objetos y materiales o incluso para alumbrar mediante teas. En el interior solían realizarse inscripciones sobre piedras y maderos que, normalmente, recogían el nombre del pastor o quien las escribiese y la fecha en que se realizaban. Asimismo era corriente incrustar en el muro palos o ganchos de los que colgar diversos elementos como bolsas, aperos, etc. En algunas casetas podía haber un pesebre para dar de comer a las caballerías así como una separación para las personas.


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el interior de la cabaña además de refugio sirve para guardar aperos y utensilios
Es muy corriente que estas casetas tengan una única puerta adintelada que puede tener una altura normal o reducirse a un tamaño mínimo para evitar al máximo la pérdida de calor del interior. En algunas ocasiones estas puertas aparecen cerradas con llave, otras disponen de un mecanismo de cierre como un pestillo o una piedra en el suelo para que no se abran por el viento y, por último, algunas entradas carecen simplemente de batiente. En el Alto Aragón, los pastores ponían en la puerta de sus casetas, en caso de tormenta, su cuchillo o navaja con el filo mirando al cielo, para ahuyentar los rayos. Muchas casetas tienen ventanas muy estrechas o carecen de ellas. En las nuevas construcciones, las puertas y ventanas pueden ser de chapa galvanizada.

El tejado se construye a base de losas o, más a menudo, de una trama de elementos vegetales como tablas, sarmientos, cañizos, ramas de boj, pino o almendro; adheridos con una capa de barro. También se usaba la teja árabe y antiguamente se utilizaba como último material de cubierta la corteza de los árboles y el estiércol de oveja. A veces la superficie exterior quedaba aterrazada con tierra o hierbas que podían apoyar sobre tablas, planchas de zinc y plásticos. En algunas zonas se colocaba una línea de aliagas en el borde del tejado para protegerlo del agua o para evitar que los animales se subieran sobre él.

¿QUIÉN CONSTRUÍA ESTOS REFUGIOS?

En la construcción de las antiguas casetas parece que no intervenían albañiles o profesionales, eran gentes del país quienes “a comunal”, se encargaban a la salida del invierno de, entre otras tareas, construir casetas o reparar las que se habían dañado. En algunos sitios era el propio pastor el que levantaba las casetas de piedra seca, poniendo mucha atención para elegir adecuadamente el emplazamiento de cada piedra. En otros puntos de los Pirineos las casetas eran construidas por los pastores o por los propios dueños de las tierras. Se retejaban igualmente “de vecinal”, siendo los amos de las casas quienes sabían realizar esta labor, o bien se aprovechaba que el ganado estaba pastando en las cercanías, o que se estaba realizando alguna faena en las proximidades, para retejar alguna caseta.

Algunos de los nuevos refugios, construidos por encargo del antiguo Patrimonio Forestal de Estado y sus sucesores, de ayuntamientos, mancomunidades y los propios ganaderos, se han levantado con materiales que brinda el medio al modo de las antiguas construcciones pero en la mayoría de los casos los modelos y los materiales empleados son totalmente modernos.

LA VIDA EN UNA DE ESTAS CASETAS

La vida de los pastores que pernoctan en una caseta se organiza según un ciclo diario. Una de las primera tareas de la mañana es precisamente la limpieza de la cabaña. En el recorrido a realizar con el rebaño es importante además tener en cuenta que habrá que alejarse sólo hasta el mediodía para ir bien de tiempo en el camino de vuelta. Algunos pastores no tenían que hacerse la comida ya que recibían la cena en la propia caseta al llegar la noche y, al amanecer, el almuerzo y las vituallas para todo el día siguiente. Otras actividades que los pastores podían realizar en su interior eran tallar cucharas de boj y cañablas, decorar ruecas y palicos de media, reparar su propio equipo o fabricar queso.

Según recuerdan los pastores, la vida dentro de las antiguas casetas estaba llena de incomodidades: además de los rústicos lechos y del fuego sin chimenea, estaban el frío, la lluvia que podía llegar a entrar en el interior, la nieve o los animales. Los más peligrosos eran el oso y el lobo y para ahuyentarlos se dejaba un fuego encendido; aunque no por cotidianos eran menos temidos el lirón careto, ya que se introducía dentro de la caseta y se comía las provisiones del pastor, y los ratones que estropeaban las mantas si no se dejaban colgadas en una estaca en la pared durante el día.

Con un apoyo por parte de la administración es indudable que los nuevos refugios que han sido construidos estos últimos años han supuesto un importante avance en las condiciones de hábitat de los pastores, aun sin alcanzar el aspecto de una verdadera vivienda digna.

LOS CORRALES DE LAS OVEJAS


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41.- Las ovejas en el corral
Los corrales de la ovejas, que en otros pueblos reciben el nombre de majadas, sirven para encerrar o guardar los rebaños durante la noche, y también cuando se quiere hacer alguna operación como puede ser esquilar las ovejas, apartarlas por malas inclemencias del tiempo o porque el pastor así lo decide.

Son recintos de entre 200 y 1.500 m², con el 60% cubierto y el 40% "escampado" o descubierto. Son cuadrados, con las paredes de adobes, una especie de ladrillos hechos con barro amasado con paja y que se dejan secar al sol. Las paredes suelen alcanzar una altura aproximada de 2 metros y están cubiertas en su parte superior por bardas, que son ramajes que se colocan para protegerlas de la lluvia y que no se deshagan los adobes. La parte cubierta recibe el nombre de tejado.

Los rebaños se cerraban en los corrales desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana durante los meses que van de abril a finales de junio. En los meses de julio y agosto y debido a la calor y al sol, las ovejas no quieren comer durante algunas horas, por eso se cerraban en los corrales desde las once de la mañana hasta las seis de la tarde, dejándolas pastar sueltas durante toda la noche. De septiembre a finales de diciembre, que son los meses de mayor oscuridad, las ovejas pasaban más tiempo cerradas que sueltas.

A partir de los años 80 la mayoría de los corrales ya no se usan, incluso algunos se han derrumbado. Este hecho se debe en parte a que hay menos ovejas y también a que se han construido recintos más grandes o naves donde ahora se guardan los rebaños. Estas naves están construidas con materiales más modernos, y están provistas de agua y de luz, de forma que, en muchos casos, se hace uso de las mismas durante los doce meses del año.


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44.- Las ovejas en el corral a punto de ser esquiladas
Además de los corrales ya descritos, existían los corrales en los que cada propietario de ovejas guardaba su ganado dentro del mismo pueblo. Estos corrales o parideras se solían usar durante los meses de enero a abril y, en la mayoría de los casos, eran recintos pequeños y carentes de "escampado", es decir, que estaban totalmente cubiertos. Como estos corrales se utilizaban durante el tiempo en el que escaseaban los pastos en el campo, estaban provistos de pesebreras o canales y de hierberas, donde se depositaba el alimento de las ovejas. Estas pesebreras se hacían con tres tablas fuertes, colocando una para el fondo y clavando con puntas otras dos, de canto, para que hicieran la forma de la canal. Solían tener una longitud de entre tres y seis metros y se sujetaban a la pared a una altura aproximada de unos sesenta centímetros del suelo. En estas canales se depositaba paja menuda revuelta con cereales y, hace años, también se echaban berzas y remolacha forrajera picada. Las hierberas estaban hechas con tablillas separadas entre sí la distancia justa para que pudieran meter el morro las ovejas. En ellas se ponía hierba, alfalfa, esparceta o paja y se fijaban también a la pared por encima de las canales o pesebreras.


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